LOS HUESOS DE MIS ANTEPASADOS
1)
La auténtica plaza del Tripa
Cuando
preparaba la reconstrucción familiar para el segundo capítulo de El
hijo del aguacero, estuve visitando la sección local de la
Biblioteca Central de Terrassa y tomando algunas notas de libros
diversos. Una de esas notas provenía del libro Terrassa 1877-1900
(N. Peregina/J. Tapioles, 1996) y decía con toda claridad que, en el
verano de 1899, Enric Taló, alias el Tripa, era propietario
de un "prostíbulo" en la plaza del Progrés. Sin embargo,
de forma involuntaria, en el momento de redactar el texto puse que el
prostíbulo estaba en la plaza Vella.
En
realidad, la referencia al Tripa solo era un pequeño detalle,
uno más entre unos pocos datos sueltos que había ido recopilando en
los últimos tiempos, y que iban un poco más allá de la tradición
oral familiar, condensada por mi tío Joan en el Recuento que
escribió poco antes de morir. Su recuento abarcaba todas las ramas
familiares a partir de mi tatarabuelo pero la memoria oral quedaba
cegada en este punto. El recuento empieza hablando de mi tatarabuelo
-su bisabuelo- diciendo "crec que era forner"; y, a
continuación, en abierta contradicción con ese "crec",
dice que que tenía el horno en la calle Mediana del Paseo, cerca de
la esquina con Joaquín de Paz. Sospecho que ese "crec",
pues, fue una especie de recurso retórico para evocar un tiempo
remoto, lejos del alcance de la memoria.
Por
eso me pareció tan excitante descubrir la existencia de aquel hombre
que, en 1903, hizo una donación de monedas al Casino del Comerç
pues llevaba los dos mismos apellidos que mi tatarabuelo; así que,
presumiblemente, eran hermanos. ¿Sería ese hombre el antepasado de
otras personas que también llevaban mi apellido pero que no estaban
incluidas en la rama de mi tatarabuelo?, me preguntaba entonces. Y,
si mi tatarabuelo tenía un hermano, ¿sería posible encontrar a los
padres de ambos?
Todo
esto caía ya muy lejos de mis actuales ocupaciones pero, hace unas
semanas, Rafael Aróztegui publicó en su blog de Internet un
documentado trabajo sobre la plaza del Tripa. En el artículo
sostenía que la llamada plaza del Tripa era la plaza del
Progrés, por entonces en el límite entre la ciudad y los
descampados. Y aportaba imágenes de las denuncias presentadas contra
el Tripa, las diligencias que lo llevaron a prisión, y hasta
una imagen de su kiosco o taberna.
Entonces
me di cuenta de mi error al traspasar la información al texto. Pero,
sobre todo, me entró una curiosidad irresistible por saber si aquel
Enric Taló tenía alguna relación con los Taló de mi familia.
Recordé que los padrones municipales de Terrassa del siglo XIX están
digitalizados y se pueden consultar libremente por Internet. Y decidí
echarles un vistazo.
2)
La verdad de los padrones
¿Es
totalmente fiable la información que consta en los padrones?
Toda
investigación está llena de trampas... pero también de algún
descubrimiento excitante. La trampa más obvia es la que se producía
cuando una mujer, al casarse, adoptaba el nombre del marido,
desplazando su propio apellido paterno al segundo lugar. Así, por
ejemplo, Josefa Durán Valldeperas consta como Josefa Taló
Durán después de casarse con José Taló Amigó. Pero esta es una
trampa fácil de desenmascarar, atendiendo a la edad y a la condición
o naturaleza de las personas censadas.
Esta
mecánica de transmisión y extinción de apellidos ilustra el
sistema de valores profundamente patriarcal de la época. Muchos
padrones solo censan a "los cabezas de familia y los varones de
hasta diez años". Las consortes y las niñas son invisibles. Y,
no obstante, en algunos de esos censos sí se incluyen a mujeres y
niñas, mayores y menores de diez años.
En
cien o doscientos años, todo cambia mucho. Empezando por algo tan
simple como la caligrafía, a veces ilegible -aquí marcada como
[cpl], caligrafía poco legible-, y siguiendo por la
ortografía, las modas en los nombres de pila, los oficios, las
costumbres sociales, el callejero... Admito que aún me muevo a
ciegas por las calles y recovecos de la villa. A veces, una misma
dirección puede corresponder a casas distintas, y viceversa.
La
burocracia es una ciencia imperfecta, como bien sé por propia
experiencia. Por mucho que te esfuerces en no cometer ni un solo
error, lo natural es cometer alguno tarde o temprano. Por ejemplo, en
el padrón de 1824, Joseph Taló consta como un hornero de cinco
años, casado y con cuatro hijos. Al escribano municipal se le olvidó
poner el cero porque en realidad tenía cincuenta.
Estos
escribanos tampoco debían ser el no va más de la ilustración. Por
ejemplo, el que escribía "ba a la escuela". Sin duda,
cometían algunos errores de vez en cuando. Hay algunos apellidos
parecidos a Taló, como Talló y Tayó, pero no creo que sean
producto de un error al transcribir el apellido. Sin embargo, sí he
encontrado un par de alteraciones de apellidos. Serafina Taló Solá
se casó con el sastre José Berdos y tuvo un primer hijo llamado
Miguel Berdos. Así figura el apellido en el padrón de 1845; pero en
padrones posteriores, sus descendientes figuran como Verdos o Verdós.
El
segundo caso es el de Ana Taló Soler. A partir del padrón de 1885,
consta como Ana Taló Solé. No puedo afirmar con total
rotundidad que ambas sean la misma persona pero eso es lo más
probable. En primer lugar, no hay ninguna otra Ana Taló con la que
confundirla. En segundo lugar, ambas tienen la misma fecha de
nacimiento. Y, por si todo esto fuese aún insuficiente, el escribano
del padrón de 1894 cometió el mismo error con su hermano José Taló
Soler, que figura como Taló Solé. Y en este caso no hay
ninguna duda de que se trata de la misma persona.
Para
un catalanoparlante es muy fácil confundir Soler con Solé porque se
pronuncian prácticamente igual. En todo caso, esta ligera alteración
no tenía ninguna trascendencia pues desapareció con la propia
titular del nombre ya que el apellido materno de la madre no se lega
a los descendientes.
Por
otro lado, no se puede olvidar que a mediados del siglo XIX, el 70 %
de los terrasenses eran analfabetos. Es decir, la mayoría de mujeres
pero también muchos varones. Y sospecho que, por entonces, la edad o
la fecha de nacimiento no eran cosas tan absolutamente obvias como lo
son hoy en día para nosotros. Algunas personas no parecen saber ni
siquiera su segundo apellido, ¿cómo fiarse de sus fechas de
nacimiento? Además, los propios padrones discrepan entre sí.
Por
último, ¿son creíbles los datos relativos a los oficios de niños
de diez o doce años? Creo que sí; es bien sabido que en aquellos
años de la industrialización, en las fábricas no solo trabajaban
varones adultos sino también mujeres y niños de hasta diez años.
Ocurría lo mismo en las fábricas de Francia e Inglaterra. Las
actuales normativas acerca del trabajo infantil y el trabajo en
general aún estaban por inventar.
Claro
que cuando estás buscando la línea de tus antepasados y de pronto
te encuentras con una anotación de esas -José Taló Durán, diez
años, aux de fábrica; Sebastián Enric Taló, trece años, aux de
fábrica...- suena distinto: son niños reales, con nombres y
apellidos, remotamente relacionados con tu familia.
3)
Los nombres de pila
Empecé
a revisar los padrones y en seguida descubrí un apellido que me
resultaba muy familiar: Aymerich. En EHDA escribí que los Aymerich
eran una familia rica y conocida pero sospecho que además de
algunos que sí lo eran también había muchos otros Aymerich que no
lo eran. Mi tatarabuela se llamaba Teresa Aymerich: combinación de
un nombre de pila muy común con un apellido que en Terrassa también
era bastante común. O sea, que no era la única. En el padrón de
1871 encontré por lo menos otras dos, contemporáneas suyas: Teresa
Aymerich Gilaberto, de veintitrés años, hija de un albañil; y
Teresa Aymerich Boada, de veintiocho. Por entonces, mi tatarabuela
Teresa Aymerich Rocabert tenía treinta años. Uno de los trabajos
que dejo pendiente es el de seguir las líneas de los antepasados de
los cónyuges o consortes.
La
elección de los nombres de pila se hacía con criterios distintos a
los actuales. Era muy común que el varón primogénito recibiese el
nombre del padre. Los nombres de los otros hijos e hijas se escogían
para honrar a un abuelo o una abuela, o a un familiar particularmente
entrañable, o a uno de sino especialmente infausto, como alguna vez
me sugirió mi tío Joan. Por último, también se decidían los
nombres en honor de algún santo, santa o patrón.
Esto
lleva a una reiteración de nombres que, al principio, resulta un
poco fastidiosa y desconcertante pero que, después, se transforma en
una pieza que encaja admirablemente bien en el rompecabezas; delata
algo así como la conciencia de pertenecer a una familia, a
una red familiar. Algunos nombres -Serafina, Marcos, Antonia,
Miguel...- se repiten a lo largo de las generaciones, e incluso en
una misma generación. Quizá el caso más elocuente sea el de José
Taló Amigó y su hermano Delfín. José tuvo seis hijos, a los que
puso estos nombres: Juan, José, Antonia, Magdalena, Enrique y
Marcos. Su hermano Delfín tuvo cinco hijos y les puso estos nombres:
Antonia, Miguel, Josefa, Marcos y Juan. Así que, en torno a 1880,
había una Antonia Taló Durán de dieciocho años y una Antonia Taló
Aymerich de doce; y un Marcos Taló Durán de doce, y un Marcos Taló
Aymerich de nueve...
4)
El apellido Taló
Actualmente,
las personas empadronadas en España tienen más de veinticinco mil
apellidos distintos. El más común de todos es García: hay más de
tres millones de personas con ese apellido. Los siguientes son los
que cualquiera de nosotros podría imaginar: González, Sánchez,
Hernández... Entre los cien apellidos más comunes -exactamente en
el puesto 94- encuentro Moya, mi apellido materno. Y entre los
doscientos más comunes, Martí, el apellido materno de mis hijos.
Decenas de miles de personas empadronadas en España llevan esos
apellidos.
Hay
que descender muchos puestos para encontrar algo parecido a Taló:
Otal, Salo, Galo, Taco, Santaló, Talló... Los Otal son unos dos
mil; los Talló, poco más de trescientos. Talló ocupa el lugar
16.588 en el ranquing. Y, en fin, hay unas trescientas personas
apellidadas Ojosnegros, y unas doscientas apellidadas Viracocha. Y
estos apellidos aún son más comunes que Taló.
O
sea que, desde un punto de vista estadístico, el apellido Taló es
bastante raro.
Por
otro lado, en torno a 1800, la población de la villa de Terrassa era
de unos 3.000 habitantes. A lo largo del siglo, hubo diversas
oscilaciones pero, aunque acabó cuadriplicándose, aún queda muy
lejos de los cerca de 170.000 habitantes actuales.
Así
pues, si en una población tan escasa aparecían dos personas con ese
apellido tan estadísticamente raro, parecía bastante razonable
pensar que había alguna clase de vínculo familiar entre ellas.
![]() |
| Gràfica de la población de Terrassa en el siglo XIX (Una història de Terrassa, 2018) |
5)
Los sesenta y dos implicados
Tras
revisar los padrones de Terrassa del siglo XIX, he encontrado a 62
personas que llevaban el apellido Taló. Excluyo de este cómputo a
las mujeres que adoptaban el apellido al casarse, e incluyo a las que
lo perdían por el mismo motivo.
De
esas 62 personas, 60 pueden agruparse en dos líneas o ramas
familiares razonablemente bien identificadas. Las otras dos personas
son Tomás Bogunyà Taló y María Taló -no consta el segundo
apellido-.
Tomás
nació en Terrassa, en 1809. La única noticia que tengo de él se
encuentra en el padrón de 1878. Por entonces, Tomás tenía casi
setenta años y figura empadronado en el número 124 de la calle Font
Vella, en lo que parece ser una pensión. En la misma casa viven la
badalonesa Teresa Batlle, de setenta años; el leridano Simeon Janot,
de sesenta y cinco; y otros tres hombres, en torno a la cuarentena,
cuyos lugares de procedencia no puedo descifrar.
Tomás
Bogunyà Taló es el terrasense con ese apellido más antiguo de los
relacionados aquí. Y apunta a la existencia de una mujer apellidada
Taló, que en 1809 estaría viviendo en la villa.
María
Taló nació en Caldes de Montbui en 1827. Se trasladó a Terrassa en
1835. Consta en el padrón de 1845 como "sirvienta" en casa
de Thomas Boada, de profesión "hacendado".
Las
otras 60 personas se agrupan en torno a dos ramas familiares.
La
primera es la que se origina a partir de Joseph Taló y Theresa Solá,
ambos nacidos en Caldes de Montbui en 1774 y 1783, respectivamente.
Los dos primeros hijos de Joseph y Theresa nacieron en Sant Feliu de
Codines en 1804 y 1812; tuvieron un tercer hijo en 1814, que nació
en Caldes. Y en 1815, la familia se trasladó a la villa de Terrassa,
donde se pusieron a trabajar como horneros. En Terrassa tuvieron dos
hijas más.
Hay
40 personas incluidas en esta línea familiar, a la que llamaré los
Taló Solá.
La
segunda línea se origina a partir de Jayme Taló, nacido en Caldes
de Montbui en 1805, aproximadamente, y la terrasense Eulalia Soler,
nacida en 1813. Jayme se instaló en Terrassa en 1825, a los veinte
años. Ejercía el oficio de "pelayre". Pellaire,
según el diccionario de Pompeu Fabra, es "quien adoba y vende
pieles".
Jayme
y Eulalia tuvieron por lo menos cinco hijos. De tres de ellos, solo
sé el nombre y el año de nacimiento. Los otros dos tuvieron
descendencia que permaneció en Terrassa.
Hay
20 personas incluidas en esta línea familiar, a la que llamaré los
Taló Soler.
El
enorme parecido entre Solá y Soler podría parecer sospechoso...
pero creo que, en este caso, se trata de una simple coincidencia.
6)
Árboles y generaciones
Ahora
ya estoy plenamente convencido de que los árboles genealógicos son
metafísicamente imposibles. Si uno pretende trazar un árbol
realmente completo, la cosa se complica y no hay modo de meter eso en
un folio, en un folio doble o en un multifolio desplegable. Otra cosa
son los árboles que siguen una línea determinada, la masculina, la
de primogenitura, o la que conduce a uno mismo. Suelen nacer a partir
de una pareja prolífica y próspera, que transmite su riqueza a las
generaciones siguientes. Pero esos árboles, desde luego, siempre son
incompletos.
La
segunda casilla de la lista expresa la generación a la que pertenece
cada persona. Es un concepto un poco artificioso, aunque no tan
alejado de lo que sucede en la realidad. Calculo unos veinticinco
años para cada generación; más o menos, el tiempo que tarda un ser
humano en ser capaz -física y económicamente- de tener hijos.
La
generación más antigua identificada es la de Joseph y Theresa, y
por eso les ubico en lo que llamo la primera generación, aunque es
obvio que esto es solo un artificio. Mantengo el mismo criterio para
la otra rama familiar, aunque no haya identificado a la primera
generación.
Así,
resulta que Jayme Taló, Tomás Bogunyà Taló y los hijos de Joseph
y Theresa pertenecen a la misma generación.
Si
la primera generación nació en el último cuarto del siglo XVIII,
hasta 1900 caben unas cinco generaciones. Y, en efecto, las personas
que pertenecen a lo que llamo la quinta generación nacieron en torno
a la última década del siglo XIX y vivieron ya en pleno siglo XX,
fuera del ámbito de este pequeño estudio. Una de esas personas es
mi abuelo paterno, una figura que me cae terriblemente próxima,
teniendo en cuenta que estamos hablando del siglo XIX.
7)
Datos fósiles
Siempre
me ha parecido asombroso lo mucho que puede inferirse a partir de una
dentadura fósil o de un esqueleto, incluso de uno incompleto. Por
ejemplo, el tamaño del animal, el tipo de alimentación; y, en
consecuencia, el hábitat... Claro que eso no solo se deduce a partir
de la dentadura sino aplicando a la dentadura todo lo que se sabe
sobre otras cuestiones. La ignorancia de algunos, aliada con la
malicia de los ideólogos neoliberales, lleva a desconfiar de esas
hipótesis de un modo parecido a como la mayoría de nosotros nos
mostramos escépticos cuando nos hablan de lo que existe a millones
de años-luz de distancia, ¿acaso han estado ahí para verlo, eh? La
desconfianza se ve alimentada por el hecho, mortificante pero
inevitable, de que cada nuevo descubrimiento de los restos de un
homínido supone reordenar el árbol entero de los homínidos de
arriba abajo. Ahora bien, ningún humano pudo ver jamás a un
dinosaurio pero de algún modo hay que explicar la existencia de
esqueletos que no corresponden a ninguna especie actualmente viva...
De
un modo análogo, los someros datos del padrón arrojan a veces
destellos, fogonazos, vívidas imágenes. Por ejemplo, el apunte
censal de Jayme Taló de 1871. Por entonces, Jayme tenía casi
setenta años - cuatro menos, según otros padrones- y consta con el
oficio de peón. Bueno, si realmente estaba trabajando de peón a esa
edad tenía que ser un tipo bastante curtido, diría yo. Había
trabajado de pelayre, y luego de jornalero y de peón. Jayme
llegó a Terrassa a los veinte años. Sospecho que su mujer Eulalia,
con la que tuvo cinco hijos, murió relativamente joven. Aparecía en
el padrón de 1845; en el de 1860 no aparece ninguno de los dos; y en
el de 1869, Jayme ya aparece casado con una mujer llamada Teresa
Soldevila.
Así
que aquí tenemos a un curtido jornalero de casi setenta años
viviendo con su segunda mujer, diez o quince años más joven que él.
***
Como
ya sugería en aquel capítulo del libro, entre estas 62 personas
encontramos un poco de todo: parejas prolíficas y solteros,
fabricantes y jornaleros, un diputado y un tabernero, vidas segadas
precozmente y vidas longevas...
Por
lo que hace a los oficios, el más común con diferencia es el de
tejedor: 13 de esas 62 personas desempeñaron ese oficio en algún
momento de su vida; la mayoría, a lo largo de toda su vida. También
relacionados con la industria textil, hay cuatro "aux fábrica"
-niños y mujeres, sobre todo-, dos pellaires, un hilador y un
fabricante. Creo leer la palabra "industria" o "industrial"
en la casilla de oficio de José Trenchs Taló, aunque solo tiene
doce años.
El
segundo oficio más común es el de hornero o panadero. Joseph Taló
y Theresa Solá transmitieron ese oficio a su hijo José Taló Solá,
quien a su vez lo transmitió a su hijo José Taló Amigó y,
temporalmente, también a sus hermanos Delfín y Marcos.
Hay
cuatro jornaleros y tres comerciantes.
Y
un barbero, un peluquero, un sastre, un zapatero, un carpintero, un
cerrajero, un escribiente, una sirvienta, un bibliotecario...
***
En
el libro citaba la donación de monedas que hizo Miguel Taló Amigó
al Casino del Comerç y me preguntaba si otras personas con ese
apellido de las que había encontrado alguna referencia en los
últimos tiempos serían descendientes suyos. Ahora puedo ubicar
bastante mejor a esas personas; pero ninguna de ellas era
descendiente de Miguel.
Miguel
Taló Amigó nació en 1846. Pertenece a la rama de los Taló Solá.
Era el cuarto hijo por orden de edad de José Taló Solá, hornero
analfabeto nacido en Sant Feliu de Codines, y de Antonia Amigó, de
nuevo una combinación de nombre de pila y apellido muy comunes, que
no he investigado. José había heredado el oficio de sus padres; de
ambos porque, a diferencia de la mayoría de mujeres
consortes,Theresa Solá sí consta con el oficio específico de
hornera. Creo que a Joseph y Theresa no les fue del todo modo mal en
su aventura terrasense. Una década después de su llegada a la
ciudad, tenían alojada en su casa a una "criada", una
chica de dieciocho años llamada Cayetana o Gayetana Martí. En 1828
ya constan viviendo en una casa de la plaza Vella, que se convertirá
durante algún tiempo en la casa pairal.
José
y Antonia tuvieron seis hijos. El mayor, José Taló Amigó, prolongó
el negocio familiar de la panadería. Permaneció en la casa pairal
por lo menos hasta 1871. Falleció entre esa fecha y 1878; es decir,
antes de cumplir los cuarenta y cinco años. En 1878, su viuda y sus
hijos ya habían abandonado la casa pairal. Ninguno de sus hijos
siguió con el negocio del horno; más bien, da la impresión de que
la economía familiar entró en crisis, pues los hijos se pusieron a
trabajar desde muy temprano.
La
segunda por orden de edad era Adelaida Taló Amigó. En 1860, ya se
había casado con el fabricante José Armengol Torras, y vivía en
casa de sus suegros, con un cuñado, dos cuñadas y el marido de una
de éstas, el ebanista Juan Marsal. José y Adelaida tuvieron cuatro
hijos; de tres de ellos, no sé nada más que los nombres y la fecha
de nacimiento. Del cuarto, Gaspar Armengol Taló, hablaré más
adelante.
El
segundo varón, y tercero por orden de edad, se llamaba Delfín Taló
Amigó. En 1860 tenía veinte años, vivía en la casa pairal con sus
padres y consta con el oficio de panadero. Nueve años después,
Delfín ya se había trasladado a la calle Mediana del Paseo, un poco
alejada del centro. Seguía ejerciendo de panadero. Ya tenía dos
hijos, y en su casa vivía también su hermano Marcos, de veinte,
también panadero. Todo apunta a que Delfín había abierto algo así
como una sucursal del negocio de panadería en la Mediana del Paseo.
Y que su joven hermano Marcos le ayudaba, al tiempo que aprendía el
oficio. Sin embargo, tan solo dos años después, Delfín ya consta
como tejedor. Como diría un conocido astronauta, un pequeño detalle
en los apuntes censales pero un cambio gigantesco en aquella parte de
la rama familiar pues a partir de entonces, y durante tres
generaciones, los descendientes de Delfín ya no hornearon pan sino
que se consagraron al arte de cruzar hilos.
Miguel
Taló Amigó era, pues, el tercer varón y cuarto por orden de edad.
El padrón de 1860 le atribuye diecinueve años pero en realidad solo
tenía catorce. A los catorce años, Miguel "va a la escuela".
La
quinta de la familia era Serafina Taló Amigó. Serafina se casó con
un cerrajero de Monistrol llamado José Ricart Vila, que tal vez era
viudo. Posiblemente, Serafina estuvo ausente de Terrassa durante
algunos años. Pero acabó regresando pues en 1885 consta empadronada
con su marido y sus hijos en la calle Surís.
El
sexto y último identificado de la familia era Marcos Taló Amigó.
En 186o, tenía diez años y consta con el singular oficio de
"aprendiz de pintor". A los diecinueve o veinte, vivía en
casa de su hermano Delfín y ejercía de panadero. Acabó trabajando
de tejedor. Se casó con Teresa Rodó Vidal y tuvieron tres hijos. Al
mayor le pusieron el poco corriente nombre de Delfín, ... ¿quizá
una muestra de gratitud hacia su hermano?
En
1871, con veinticinco años, Miguel estaba viviendo con su tía
Dolores Taló Solá. En realidad, la cabeza de familia en este caso
era una mujer soltera de treinta años llamada Teresa Domingo Taló.
Supongo que era hija de Dolores y de un hombre no identificado pero
apellidado Domingo.
En
la casa vivía también otra chica de diecinueve años llamada
Dolores Niumó [cpl] Taló. Así que mi hipótesis es que
Dolores había enviudado del señor Domingo y se había casado con un
hombre llamado Niumó, con el que habría tenido otra hija.
Ni
Dolores, ni sus presuntas hijas, ni su sobrino Miguel constan con un
oficio específico. Y, no obstante, en la casa también vive una
sirvienta, Teresa Tomella Agusí, una chica de quince años oriunda
de Vacarisses.
Por
último, el censo de la casa se completa con los hermanos Rafael y
Lucas Lluch Comerma [clp]. Procedentes del Bages, en torno a
la cincuentena, solteros. Rafael era escribiente y Lucas, que consta
como "transeúnte", comisionista.
Ningún
narrador se quedaría en blanco ante un apunte como este. ¿Había
alguna relación sentimental entre Dolores Taló y el escribiente?,
¿de qué vivían Dolores, sus hijas, su sobrino y la criada?,
¿vestían siempre de negro los muy evangélicos hermanos Lluch...?
Aquel
mismo año, exactamente el 22 de febrero, se fundó la Societat de
la Sabata, una tertulia en la que se discutían temas de
actualidad, según explicaba el cronista Baltasar Ragón. Uno de sus
socios fundadores fue Miguel Taló Amigó.
En
1878, Miguel tenía treinta y dos años. Por primera vez, aparece con
un oficio concreto: "criado". En la casa hay otros dos
"criados": Francisco Prat, de Tona (Barcelona) y Agustín
Leal Moyano, de Hinojosa (Córdoba), ambos en torno a la treintena.
En el número 25 de la calle San Pedro también consta censado
Ignacio Amat Galí, de sesenta años, fabricante.
![]() |
| Imagen del padrón de 1878 relativa a los ocupantes del número 25 de la calle Sant Pere |
Para
quienes desconocemos la historia local, el nombre resulta vagamente
familiar. Pero Ignacio Amat Galí fue uno de los terrasenses más
destacados de su época. Estudió en Francia e importó los nuevos
mecanismos o maquinarias que se utilizaban para tejer. Por lo que
leo, era uno de los pocos empresarios que realizaban todo el proceso
textil, desde el lavado de la lana hasta el tinte y los
acabados... Su primera empresa tenía más de un centenar de
trabajadores. Fue alcalde de Terrassa en 1863/64. Visitó las
exposiciones universales de París (1867) y Viena (1873). Fundó el
Institut Industrial y la Caixa d'Estalvis de Terrassa. Y una de sus
nietas se casó con el ínclito Alfonso Sala.
¿Qué
hacía Miguel viviendo en casa del fabricante?, ¿era realmente un
"criado"?, ¿o era más bien una especie de protegido, o
tutelado, como tal vez fuesen también los otros dos jóvenes
"criados"?
En
1885, a punto de cumplir cuarenta años, Miguel aparece empadronado
en casa de su hermano Delfín; de nuevo, sin oficio específico. Sin
embargo, tan solo un año después, el 3 de enero de 1886, se
inauguró la biblioteca del Casino del Comerç. La entidad tenía
unos quinientos socios y a la inauguración asistieron unas dos mil
personas. Como encargado de la biblioteca se nombró al socio Miguel
Taló Amigó. "En Taló arxivava i catalogava els llibres amb un
interès extraordinari", dice Ragón.
Y,
en efecto, ese es el oficio que le consta en el último padrón del
siglo: "bibliotecario". Pero, curiosamente, en 1894 Miguel
vuelve a vivir en casa de los Amat. Ignacio Amat Galí ya había
muerto pero en la casa permanecían su viuda, Emilia Brugada Just, y
su hijo, el ingeniero Bartolomé Amat Brugada. Ahora, además, en la
casa ya no hay "criados" sino "sirvientas":
Francisca Plana Mas, leridana de veinticuatro años; y Josefa
Gallofré Segarra, de veinte años, oriunda de Montoliu.
Las
palabras que Paulina Pi de la Serra dedica a Miguel en L'ambient
cultural a Terrassa 1877-1977, corresponden a a esa época. "El
bibliotecari era Miquel Taló, soci del Casino, home modest i
benemèrit, al qual ni la desgràcia d'esser geperut, cosa que el
feia víctima de moltes brometes, ni les seves obligacions prop de la
família Amat del carrer Sant Pere, que serví sempre fidelment, no
privaren d'unes afeccions intel.lectuals".
Así
pues, resulta que Miguel era jorobado. Quizá solo un poco, pero lo
bastante como para que la gente maliciosa se burlase de él.
Rebasada
la frontera del siglo, en 1903, Miguel hizo la famosa donación de
monedas al Casino. Eran exactamente 529 monedas, algunas muy
antiguas, otras muy exóticas. No dudo de que era una colección
valiosa.
Ana
Fernández explica en Col.leccionistes de Terrassa (2017) que
Miguel cedió la colección, un verbo distinto al de donar.
Y que la cedió a condición de que él o sus legítimos herederos
pudiesen recuperarla, si la entidad se disolvía.
Pero,
al parecer, Miguel Taló Amigó murió al año siguiente. Y sin
descendencia, que yo sepa.
A
la colección se añadieron algunas monedas más con el paso del
tiempo. Y, según Rafel Comes, el monetario fue subastado en
diciembre de 1979, junto con otras donaciones recibidas por la
entidad.
Por
supuesto, me pregunto cómo pudo llegar a reunir una colección tan
valiosa un hombre que trabajaba de "criado", de "conserje"
del Casino -según Ana Fernández-, o, a lo sumo, de "bibliotecario".
Y me admira que un homeless como él prefiriese ceder su
valiosa colección a tratar de venderla para comprarse un techo bajo
el que dormir.
***
Gaspar
Armengol Taló quizá no fuese tan pintoresco como su tío Miguel
Taló Amigó, pero sí fue tanto o más ilustre. Nació en 1873 y era
el cuarto hijo de Adelaida Taló Amigó y José Armengol Torras,
fabricante, jornalero y aprestador -por ese orden-. Adelaida y José
tuvieron por lo menos cuatro hijos: Juan, Teresa, Francisco y Gaspar.
De los tres primeros no sé nada más.
Como
he dicho, Adelaida vivió algún tiempo en casa de sus suegros, en la
calle San Fernando. En 1871, ya consta viviendo en la calle de la
Paja.
José
Armengol y Adelaida Taló era analfabetos pero su hijo Gaspar llegó
a ser diputado en las Cortes de 1934 por la circunscripción
electoral de Barcelona. Era el tercero en la lista de ERC-USC, detrás
de Lluís Companys y Salvador Armenteros.
En
1894 consta como comerciante. He leído que era fabricante a pequeña
escala. Según la Wikipedia, fue Tesorero de la Fraternitat
Republicana (1903), vocal del Teatro Principal, miembro de la Junta
de Govern del Banc de Terrassa (1924). Y también fue presidente del
Círcol Egarenc (1925) y de la Associació d'Amics del Teatre (1930).
Gustau
Erill lo define como "industrial progresista" y
"agnóstico", y cuenta que "protegía a numerosos
artistas, intelectuales y estudiantes terrasense" ("hacía
de tutor a media Terrassa", dice una de las publicaciones en las
que se habla de él")". Uno de esos artistas fue el poeta
Joan Salvat-Papasseit, quien acabó despidiéndose del trabajo que le
había proporcionado ante las exigencias de su mecenas.
Según
la Wikipedia, Gaspar murió el 26 de noviembre de 1934 en Barcelona.
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***
En el lado oscuro de la villa y de la vida, encontramos a Enrique Taló
Durán, el Tripa, primo de
Gaspar y sobrino de Miguel.
Aróztegui,
en un despliegue retórico, califica al Tripa
de "fatxenda" i "facinerós" pero quizá no fuese
más que un pobre diablo. De la documentación aportada no se
desprende que fuese un asesino o un ladrón; y, por lo que parece, ni
siquiera era un proxeneta boyante. En realidad, sus líos con las
autoridades empezaron porque "se jugó a los prohibidos en el
kiosco número 1", que él regentaba. Ante las protestas de
los vecinos, se le conminó a cerrar la taberna a las diez de la
noche. Y, como no obedeció, se le multó por no acatar la orden de
cerrar el negocio a esa hora. Y, como no pagó la multa, le metieron
en prisión durante unas cuantas semanas.
Sí
parece acreditado que en su taberna, kiosco o bodegón -mejor que
"prostíbulo"-, se practicaba o se pactaba el comercio
sexual. Pero, a partir de los documentos que aporta Aróztegui, no
parece que las prostitutas que rondaban por allí fuesen precisamente
mujeres muy sumisas, dispuestas a dejarse chulear por un proxeneta.
Sabemos algunos nombres: Teresa Ribot, Beatriz Puig, Rosa Recasens...
Teresa
Ribot fue expulsada de la ciudad tres veces en un mes por practicar
la prostitución. Había nacido en Pals pero vivía en Sabadell. En
agosto de 1889, las autoridades la pusieron en un tren con destino a
Sabadell a la una de la tarde; solo tres horas después, volvía a
estar en Terrassa, ejerciendo su "repugnante comercio"
-según la denuncia- durante el resto de la tarde y la noche.
Esto
me lleva a pensar que Teresa Ribot difícilmente se dejaría explotar
por un proxeneta. Otra cosa era que el Tripa les permitiese
apostarse en el bodegón para cazar clientes o para que estos
supiesen dónde encontrarlas. Aunque luego el acto se materializase
en un lugar más o menos discreto, como el cobertizo de una
ladrillería que había a cien pasos de allí.
Por
otro lado, esto también me lleva a pensar que a Teresa Ribot no le
faltaba clientela.
Enrique
Taló, el Tripa, no provenía de una familia marginal,
precisamente. Pero su padre fue el último José Taló que trabajó
de hornero, siguiendo la tradición familiar de los primogénitos. Y
el que abandonó la casa pairal de la plaza Vella. Y con toda
probabilidad, José Taló Amigó murió antes de cumplir los cuarenta
y cinco años.
Se
casó con Josefa Durán Valldeperas, e inicialmente se quedaron a
vivir en la casa pairal. Les consta un primer hijo llamado Juan,
nacido en 1859, que no vuelve a aparecer en los padrones por lo que
sospecho que murió precozmente.
Tuvieron
un segundo hijo, José Taló Durán, que nunca trabajó de hornero. A
los diez años, consta con el oficio de "aux fábrica"; a
los diecisiete, con el de jornalero, y desde los veinticinco, con el
de tejedor. Nunca llegó a ejercer de hornero, según los padrones.
Por otro lado, a los treinta años ya figura como viudo. No he podido
identificar a la mujer ni esclarecer si llegó a tener algún
descendiente.
La
segunda de la familia Taló Durán era Antonia. Se casó con el
hilador José Enric Masachs y tuvo un hijo llamado Sebastián Enric
Taló. En 1885 vivían en la calle Jazmín, número 5. En 1894,
Antonia y Sebastián aparecen censados en casa de Josefa Durán,
junto a su hermano viudo y a Enrique. José ejerce de tejedor y
Antonia, Enrique y Sebastián como "aux de fábrica".
La
tercera de la familia fue Magdalena Taló Durán. Se casó con el
tejedor Pedro Carreras. En 1894 tenían dos hijas: Josefa y Antonia.
Vivían en el 21 de la calle Guttemberg.
El
cuarto era Enrique.
Y
el quinto era Marcos Taló Durán. Ejerció de tejedor y se casó con
una mujer de Artés llamada Carolina Prunés Cot. Vivían en la calle
San Lorenzo y en 1894 tenían un hijo llamado Pedro Taló Prunés.
Sospecho
que las tradiciones familiares, los legados y las herencias no pueden
prolongarse mucho más allá de tres generaciones. En setenta y cinco
años, todo cambia mucho; lo que en un momento dado es rentable,
práctico o útil, con el paso del tiempo se convierte en obsoleto,
ineficaz o ruinoso. La primera generación de los Taló Solá llegó
a tener una criada. La segunda no, pero prolongó el oficio. El José
Taló de la tercera generación también se dedicó a hornear pan
pero ninguno de sus hijos pudo o quiso continuar con el oficio.
Es
posible que la muerte más o menos temprana de José Taló Amigó,
padre del Tripa, provocase una crisis económica familiar.
Pero aún estaba vivo cuando puso a su hijo José Taló Durán a
trabajar en una fábrica con solo diez años.
También
es posible que ese primer hijo llamado Juan que aparece en el padrón
de 1860 no prosperase. Así que la infancia de Enrique posiblemente
no fuese muy feliz sino más bien sombría. Antes de cumplir diez
años, vivió la experiencia de perder a su padre, tal vez a un
hermano, el cambio de casa y la pérdida del negocio.
Los
hechos documentos por Aróztegui ocurrieron en 1899. En el siguiente
padrón del nuevo siglo, Enrique constará como "tabernero".
Al parecer, Enrique decidió buscar una alternativa al alienante,
insano y mal pagado trabajo en una fábrica. Sin duda, el Tripa
tenía su negocio en la frontera entre lo legal y y lo ilegal, pero
quizá solo fuese un pobre diablo, con una de esas barrigas de
bebedor, que sobrevivía vendiendo vinos, organizando timbas de
cartas y permitiendo a las prostitutas que se apostasen allí para
cazar clientes...
Pero
las prostitutas y los clientes que se reunían en su taberna de la
plaza del Progrés resultaban demasiado ruidosos e indiscretos para
la moral de los terrasenses; desvelaban su vida oculta y sus pasiones
oscuras.
8)
El mas Taló
He
dicho que Joseph y Theresa, la pareja que origina la línea de los
Taló Solá, habían nacido en Caldes de Montbui. También Jayme
Taló, que origina la línea de los Taló Soler, nació en Caldes de
Montbui. Y, por último, la "sirvienta" María Taló
también nació en Caldes de Montbui. Aunque cada uno de ellos
pertenece a una generación distinta, es evidente que la
investigación ha de seguir en Caldes de Montbui. En torno al año
1800, Caldes tenía la mitad de población que Terrassa. O sea que es
bastante probable que Joseph Taló, Jayme Taló y María Taló estén
relacionados familiarmente entre sí.
Aún
no he empezado a buscar en los padrones digitalizados de Caldes de
Montbui, que empiezan en 1850. Pero de pronto recordé que alguien me
había hablado de una masía llamada can Taló, que se encontraba
cerca de Caldes.
El
mas de can Taló aún existe pero no está cerca de Caldes, aunque
tampoco lejos. Se encuentra solitariamente ubicado al borde de la
carretera C 1314b, exactamente en el kilómetro 11. Esa carretera
figura en algunos mapas como la carretera de Sant Feliu de Codines.
El mas está a unos once o doce tortuosos kilómetros de Sant
Feliu de Codines.
Hay
tres topónimos relacionados con el apellido: el Taló -es decir, el
mas Taló-; los campos del Taló, que son las tierras que lo
circundan; y el collado o coll de can Taló, que se encuentra
entre el mas y la población de Centelles.
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Mi
hermana, casualmente, ha vivido en Sant Feliu de Codines y me explicó
que allí aún existe una casa a la que llaman can Taló, aunque sus
propietarios actuales no tienen ni idea de por qué o desde cuando se
tiene ese nombre. Pero en 2019 siguen identificándose como los de
can Taló.
No
parece tan descabellado relacionar el mas de can Taló con los
Taló que andaban por Sant Feliu de Codines y Caldes de Montbui en
torno al año 1800. Es bien sabido que, según una larga tradición,
todas las tierras familiares eran heredadas por el hermano mayor,
para evitar una excesiva parcelación, y el resto de los hermanos
tenía que buscarse la vida por su cuenta. Los que podían, se hacían
clérigos, para garantizarse el diario yantar. Otros emigraban a
poblaciones más o menos próximas en busca de un trabajo con el que
ganarse la vida. Es razonable pensar que, por lo menos las primeras
generaciones, no se alejarían mucho del mas. Y desde el mas
hasta Sant Feliu solo hay once o doce kilómetros. De Sant Feliu a
Caldes, otros once o doce.
Mi
hermana y yo fuimos a husmear un poco el terreno. La masía tiene muy
buen aspecto desde fuera; en la fachada, hay un baldosa en la que aún
se lee "MAS TALÓ". Su actual propietario es un hombre
retirado, de unos sesenta y cinco o setenta años. Nos explicó que
el mas Taló no era la masía pairal, sino solo la casa de los
masoveros. Y que esta había sido una construcción muy precaria
hasta principios del siglo XX, en que un abuelo suyo la había
restaurado y ampliado. La auténtica masía está a unos mil metros
de allí, y le llaman el Pou. Ese era el apellido de los antiguos
propietarios.
También
nos explicó que su mujer era aficionada a elaborar árboles
genealógicos y que no había encontrado a ningún Taló en sus
estudios. Aunque el hombre admitió que quizá no habían ido más
allá del siglo XIX.
9)
Cabos sueltos
En
aquel segundo capítulo del libro, además de las referencias a
Miguel Taló Amigó, Gaspar Armengol Taló y Enrique Taló Durán
-todos ellos bajo el seudónimo adoptado para el narrador-, también
había otros pocos cabos sueltos que hoy puedo identificar mejor.
El
distribuidor de material fotográfico era, con toda probabilidad
aunque no con absoluta certeza, Jaime Taló Pamias, perteneciente a
la segunda línea familiar, los Taló Soler. Nieto de Jayme, el
jornalero nacido en Caldes, e hijo de José Taló Soler y Josefa
Pamias. En El vedutisme terrassenc o la mirada endógena, de
Comes/Fernández/Saludes, encuentro una nota a pie de página que
dice: "Altres venedors de material fotográfic a Terrassa són
Jaume Taló i el seu succesor Josep M Nogués i Farrés, amb un
laboratori al carrer de la Palla i una drogueria al carrer de la Font
Vella". Jaime o Jaume Taló Pamias nació en 1856; o sea que, en
torno a 1910, tendría una edad como para empezar a pensar en
retirarse. Y no he encontrado ningún otro Jaime Taló, aparte de su
abuelo, que en esas fechas sería centenario.
Por
lo que hace al José Taló que firmó un manifiesto de adhesión
política en el año 1868, el siglo está lleno de ellos: ¡hay ocho
José Taló! Ahora
bien, para esa fecha creo que solo hay dos buenos candidatos: el
hornero José Taló Amigó, que por entonces tendría unos treinta y
pocos años; y el barbero temporal y futuro tejedor José Taló
Soler, que tendría unos treinta y cinco.
El
hombre que murió en una de las últimas batallas de la Guerra Civil
se llamaba José Taló Clavell. No consta en los padrones del siglo
XIX porque nació en 1905. Pero en esos padrones sí constan los Taló
Clavell. El citado Jaume tenía un hermano llamado José Taló
Pamias, que ejerció de peluquero, tejedor y escribiente. Se casó
con Paulina Clavell, nacida en l'Atmella, y en 1894 les constan tres
hijos: Montserrat, Josefa y Jaime, nacidos en la última década del
siglo.
Encontré
a este José Taló Clavell a través de un anuncio en La
Vanguardia, de junio de 1939. Su esposa, Rosario Campà, rogaba
noticias suyas a quien las tuviese. José pertenecía a la 24
División, 133 Brigada Mixta, 531 Batallón, 3ª Compañía... Algún
tiempo después, en un número de la revista Terme, aparecía
José Taló Clavell en una lista de víctimas terrasenses de la
guerra, muertos en el frente. Murió el 5 de enero de 1939, aunque se
ignora el lugar exacto de la muerte. Seis meses después, con los
franquistas ya en el poder, su esposa seguía tratando de averiguar
qué había sido de él.
En
la época en la que preparaba aquel capítulo del libro, mi hijo
Marcel consultaba documentos antiguos no tan accesibles a la gente
corriente como los padrones colgados en Internet; y, si por
casualidad encontraba una referencia a un Taló, tomaba una nota
rápida y después me la pasaba a mí, a menudo a través del
teléfono móvil. Al recopilar esas notas, sucedió algo muy curioso.
Marcel me había dicho que en el volumen XCVI de los protocolos
notariales de Juan Carreras aparecía una Serafina Taló Solé. Así
lo tengo anotado en mi libreta. Quizá yo, involuntariamente,
modifiqué el segundo apellido; o quizá conste así en el documento
notarial. Pero esa persona no puede ser otra que Serafina Taló Solá,
hija de Joseph y Theresa. Un
error parecido al de los escribanos que confundieron Soler con Solé.
10)
Una fotografía de 1900
Es
increíble la cantidad de cosas que he descubierto y aprendido en
unas pocas semanas. He resuelto la cuestión en torno al Tripa,
que resulta ser un sobrino de mi
tatarabuelo; y he encontrado a los padres de mi tatarabuelo, e
incluso a dos de sus abuelos, remontando así dos generaciones con
respecto a la tradición oral de mi tío Joan; una aportación que
colma mis ambiciones.
Comprendo
que algunas personas no sientan el menor interés por sus
antepasados. Yo tampoco comparto la megalomanía de los que
investigan sus antecedentes familiares como si se tratase de un
linaje real. En verdad, todo empezó con un par de preguntas
sencillas pero muy pronto se convirtió en un desafío intelectual
irresistible; me sentía poseído por los descubrimientos que iba
haciendo, como un detective que sigue buenas pistas, encontrando los
"eslabones perdidos" que me permitían enlazar
generaciones, reconstruyendo una larga historia de hombres y mujeres
de toda condición, deslumbrado por los fogonazos de vida o
micronovelas que se adivinan en los someros apuntes del padrón...
Y,
bueno, después de todo, resultó que todo aquel trabajo -o buena
parte de él- ya había sido realizado por Juan Ubach Taló,
descendiente del hermano menor de mi bisabuelo, Juan Taló Aymerich.
Mi hermana contactó por casualidad con él, y Juan Ubach le
proporcionó un pequeño dossier con unas cuantas fotografías, un
pulcro árbol genealógico, un peinado
de los padrones del siglo XIX y parte del siglo XX, y la fotocopia de
un texto, que resultó ser el Recuento familiar de mi tío Joan Taló,
¡que yo mismo mecanografié!
La
mayoría de fotografías eran poco interesantes; parecían proceder
de los álbumes de mi propio tío Joan. Pero había una, muy antigua,
que yo no había visto nunca: un retrato familiar del año 1900, en
el que aparecen mi tatarabuelo Delfín, su mujer Teresa, y sus cinco
hijos: Antonia, Miguel, Josefa, Marcos y Juan. El lugar en el que
está tomada la fotografía podría ser un estudio fotográfico pero
también el patio de la vieja casona.
Es
un clásico retrato familiar. Los padres están sentados en el
centro; él, con una mano apoyada en un bastón; ella, ocupando sus
manos inquietas con un abanico. A ambos lados, también sentados,
aparecen los dos hijos mayores: Antonia, al lado de su padre, y
Miguel, al lado de su madre. Cumpliendo eso que en el libro llamaba
la "geometría familiar perfecta", ambos replican el gesto
de los padres: el varón, Miguel, apoya una de sus manos en un
bastón; la mujer, Antonia, sostiene otro abanico.
Detrás,
de pie, como una especie de hijos en la reserva, los tres más
jóvenes.
Se
me ocurrirían muchas cosas a partir de esa imagen... Encuentro
algunos parecidos físicos: Miguel y Marcos tienen un aire similar,
quizá porque lucen el mismo tipo de barba. Quizá sea casualidad
pero ambos acabaron viajando a América en busca de mejor fortuna.
Solo regresó Marcos. Mi bisabuelo murió en México, no a causa de
un tifus como parecía sugerir el relato de mi tío, sino más
probablemente a causa de la violencia revolucionaria contra las
haciendas y sus encargados. Pero su viuda y sus dos hijos varones sí
regresaron a Europa, a Terrassa, al "33 bis" de la calle
Mediana del Paseo. Y eso hizo posible que, un siglo después, algunos
descendientes de aquel hombre enterrado en América Central figuren
empadronados en la ciudad de Terrassa.
Cuando
preparé la reconstrucción de aquella parte de la rama familiar, me
basé en sendos retratos de mi tatarabuelo y de mi bisabuelo, que
fotografié antes de que la vieja casona fuese desmantelada. Mis
razonamientos acerca de quién era quién parecían bastante
irrebatibles: si mi bisabuelo murió a los cuarenta y cuatro años,
no podía ser el hombre que aparentaba tener sesenta. Sin embargo, yo
no tenía una certeza total; alguno de aquellos dos cuadros podría
ser el retrato de otro pariente no tan directo o cercano pero
convenientemente colocado allí para llenar la pared.
Ahora
puedo comparar los dos retratos con la fotografía. En el caso de Delfín, parece bastante fácil identificarle. En el caso del otro retrato, ¿a cuál de los tres hermanos correspondería?
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| Delfín, en la fotografía de 1900 |
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| Delfín en el retrato; año desconocido |
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| Retrato, de fecha desconocida |
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| Miguel |
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| Marcos |
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| Juan |
11) Hábitat
No
querría terminar esta modesta investigación sin por lo menos hacer
una alusión al hábitat histórico en el que se desarrollaron las
vidas que aparecen en los padrones. Es forzoso sumergirse en la
realidad de lo que sucedía en aquellos años en Terrassa para poder
siquiera empezar a pensar en rellenar los huecos a base de
imaginación deductiva. Y se saben bastantes cosas de lo que ocurría
en Terrassa en esas fechas.
Los
primeros años del siglo fueron tiempos de guerra. Las tropas de
Napoleón trataban de ocupar el país pero había un levantamiento
popular contra el invasor. En febrero de 1807 tuvo lugar la famosa
batalla del Bruc, en la que un tamborilero de Santpedor de diecisiete
años llamado Isidre Lluçà quedó inmortalizado en una leyenda
heroica, aunque lo cierto es que en aquella batalla lucharon muchos
otros catalanes, y que la batalla no resultó tan decisiva pues las
tropas napoleónicas continuaron instaladas en el país, en la ciudad
de Barcelona, durante años. La llamada Guerra contra el Francés
duró hasta 1814.
Durante
todo aquel tiempo, las ciudades del Vallés se vieron asediadas y
extorsionadas por las tropas francesas. El 23 de marzo de 1809, los
franceses entraron en la villa de Terrassa. Entre otras hazañas, le
cortaron la cabeza a un payés de setenta y seis años llamado
Gabriel Dalmau, y obligaron a la esposa del payés a sostener el
cesto en el que cayó la testa decapitada -la pobre anciana murió al
cabo de un mes-. O eso explica Salvador Cardús. Los franceses
utilizaron la iglesia de Sant Pere como establo para sus caballos.
Aquel
mismo año, una epidemia de tifus acabó con una quinta parte de la
población de la villa. Joaquín Sagrera escribía: "en Terrassa
no queda gente". El cementerio se quedó pequeño para tantos
muertos y los cadáveres tuvieron que ser enterrados en un terreno de
la vecina cuadra de Vallparadís, lo que provocó una disputa con el
bayle de la cuadra.
Joaquín
Sagrera, que era fabricante, sufragaba los gastos de la revuelta
contra el Francés de su propio y acaudalado bolsillo. Envió muchas
cartas a sus clientes para dar razón de los retrasos que sufría la
producción textil. Los franceses estaban instalados en Barcelona
pero salían a las poblaciones próximas en busca de personas ricas,
a las que apresaban y por las cuales pedían un rescate.
Sagrera
parece sintetizar la situación al hablar de lo continuo susto en
què estem vivint...
12) Anexo
Tabla de personas con el apellido Taló en los padrones del siglo XIX de Terrassa
12) Anexo
Tabla de personas con el apellido Taló en los padrones del siglo XIX de Terrassa
| num | nombre | nacim | ram fam | gener | sexo | oficio |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | TALÓ Joseph | 1774 | 1 | 1 | h | hornero |
| 2 | TALÓ SOLÁ José | 1804 | 1 | 2 | h | panadero |
| 3 | TALÓ Jayme | 1805 | 2 | 2 | h | pelaire/peón/jornalero |
| 4 | BOGUÑÁ TALÓ Tomás | 1809 | 0 | 2 | h | |
| 5 | TALÓ SOLÁ Ramón | 1812 | 1 | 2 | h | pelaire |
| 6 | TALÓ SOLÁ Miguel | 1814 | 1 | 2 | h | |
| 7 | TALÓ SOLÁ Serafina | 1819 | 1 | 2 | m | |
| 8 | TALÓ SOLÁ Dolores | 1821 | 1 | 2 | m | |
| 9 | TALÓ, María | 1827 | 0 | 3 | m | sirvienta |
| 10 | TALÓ SOLER José | 1831 | 2 | 3 | h | barbero/tejedor |
| 11 | TALÓ AMIGÓ José | 1832 | 1 | 3 | h | panadero |
| 12 | TALÓ SOLER Francisco | 1836 | 2 | 3 | h | |
| 13 | TALÓ AMIGÓ Adelaida | 1836 | 1 | 3 | m | |
| 14 | TALÓ SOLER Ana | 1840 | 2 | 3 | m | tejedor |
| 15 | TALÓ AMIGÓ Delfín | 1840 | 1 | 3 | h | panadero/tejedor |
| 16 | TALÓ SOLER Juan | 1840 | 2 | 3 | h | |
| 17 | DOMINGO TALÓ Teresa | 1841 | 1 | 3 | m | |
| 18 | TALÓ AMIGÓ Miguel | 1841 | 1 | 3 | h | criado/bibliotecario |
| 19 | TALÓ SOLER Salvadora | 1844 | 2 | 3 | m | |
| 20 | TALÓ AMIGÓ Serafina | 1848 | 1 | 3 | m | |
| 21 | VERDOS TALÓ Pedro | 1849 | 1 | 3 | h | fabricante |
| 22 | TALÓ AMIGÓ Marcos | 1850 | 1 | 3 | h | ap pintor/panad/tejer |
| 23 | NUMIÓ TALÓ Dolores | 1852 | 1 | 3 | m | |
| 24 | TALÓ PAMIAS Ramón | 1853 | 2 | 4 | h | tejedor |
| 25 | ARMENGOL TALÓ Francisco | 1853 | 1 | 4 | h | |
| 26 | TALÓ PAMIAS Jaime | 1856 | 2 | 4 | h | zapatero |
| 27 | ARMENGOL TALÓ Juan | 1857 | 1 | 4 | h | |
| 28 | TALÓ DURÁN, Juan | 1859 | 1 | 4 | h | |
| 29 | ARMENGOL TALÓ Teresa | 1859 | 1 | 4 | m | |
| 30 | TALÓ PAMIAS José | 1860 | 2 | 4 | h | peluquero/tej/escribiente |
| 31 | TALÓ DURÁN José | 1861 | 1 | 4 | h | aux fab/jornalero/tejedor |
| 32 | TALÓ DURÁN Antonia | 1862 | 1 | 4 | m | aux fab |
| 33 | TRENCHS TALÓ Jaime | 1863 | 2 | 4 | h | carpintero |
| 34 | TALÓ DURÁN Magdalena | 1865 | 1 | 4 | m | |
| 35 | TALÓ AYMERICH AntonIa | 1866 | 1 | 4 | m | |
| 36 | TRENCHS TALÓ Francisca | 1867 | 2 | 4 | m | tejedor |
| 37 | TALÓ DURÁN Enrique | 1867 | 1 | 4 | h | aux fab/hilador |
| 38 | TALÓ AYMERICH Miguel | 1868 | 1 | 4 | h | comercio/tejedor |
| 39 | TALÓ DURÁN Marcos | 1868 | 1 | 4 | h | tejedor |
| 40 | CARRERAS TALÓ, Antonia | 1868 | 1 | 5 | m | |
| 41 | TRENCHS TALÓ Cayetano | 1869 | 2 | 4 | h | tejedor/jornalero |
| 42 | TALÓ AYMERICH Josefa | 1870 | 1 | 4 | m | |
| 43 | TALÓ AYMERICH Marcos | 1871 | 1 | 4 | h | tejedor |
| 44 | ARMENGOL TALÓ Gaspar | 1873 | 1 | 4 | h | comerciante |
| 45 | TALÓ RODÓ Delfín | 1874 | 1 | 4 | h | |
| 46 | RICART TALÓ Juan | 1875 | 1 | 4 | h | cerrajero |
| 47 | TRENCHS TALÓ Teresa | 1876 | 2 | 4 | m | cerrajera |
| 48 | TALÓ AYMERICH Juan | 1877 | 1 | 4 | h | comercio |
| 49 | TALÓ RODÓ Josefa | 1877 | 1 | 4 | m | |
| 50 | RICART TALÓ Rosa | 1878 | 1 | 4 | m | |
| 51 | TRENCHS TALÓ Antonia | 1878 | 2 | 4 | m | tejedor |
| 52 | TRENCHS TALÓ Juan | 1880 | 2 | 4 | h | tejedor |
| 53 | TRENCHS TALÓ José | 1882 | 2 | 4 | h | industrial |
| 54 | TALÓ RODÓ Angela | 1884 | 1 | 4 | m | |
| 55 | TALÓ BIOSCA Joaquín | 1884 | 2 | 5 | h | |
| 56 | CARRERAS TALÓ Josefa | 1884 | 1 | 5 | m | |
| 57 | TALÓ CLAVELL Montserrat | 1890 | 2 | 5 | m | |
| 58 | TALÓ CLAVELL Josefa | 1892 | 2 | 5 | m | |
| 59 | TALÓ JUBANY José | 1893 | 1 | 5 | h | |
| 60 | TALÓ CLAVELL Jaime | 1894 | 2 | 5 | h | |
| 61 | TALÓ PRUNÉS Pedro | 1894 | 1 | 5 | h | |
| 62 | ENRICH TALÓ Sebastián | 1894 | 1 | 5 | h | aux fab |











