jueves, 14 de febrero de 2019


LOS HUESOS DE MIS ANTEPASADOS





1) La auténtica plaza del Tripa

Cuando preparaba la reconstrucción familiar para el segundo capítulo de El hijo del aguacero, estuve visitando la sección local de la Biblioteca Central de Terrassa y tomando algunas notas de libros diversos. Una de esas notas provenía del libro Terrassa 1877-1900 (N. Peregina/J. Tapioles, 1996) y decía con toda claridad que, en el verano de 1899, Enric Taló, alias el Tripa, era propietario de un "prostíbulo" en la plaza del Progrés. Sin embargo, de forma involuntaria, en el momento de redactar el texto puse que el prostíbulo estaba en la plaza Vella.
En realidad, la referencia al Tripa solo era un pequeño detalle, uno más entre unos pocos datos sueltos que había ido recopilando en los últimos tiempos, y que iban un poco más allá de la tradición oral familiar, condensada por mi tío Joan en el Recuento que escribió poco antes de morir. Su recuento abarcaba todas las ramas familiares a partir de mi tatarabuelo pero la memoria oral quedaba cegada en este punto. El recuento empieza hablando de mi tatarabuelo -su bisabuelo- diciendo "crec que era forner"; y, a continuación, en abierta contradicción con ese "crec", dice que que tenía el horno en la calle Mediana del Paseo, cerca de la esquina con Joaquín de Paz. Sospecho que ese "crec", pues, fue una especie de recurso retórico para evocar un tiempo remoto, lejos del alcance de la memoria.
Por eso me pareció tan excitante descubrir la existencia de aquel hombre que, en 1903, hizo una donación de monedas al Casino del Comerç pues llevaba los dos mismos apellidos que mi tatarabuelo; así que, presumiblemente, eran hermanos. ¿Sería ese hombre el antepasado de otras personas que también llevaban mi apellido pero que no estaban incluidas en la rama de mi tatarabuelo?, me preguntaba entonces. Y, si mi tatarabuelo tenía un hermano, ¿sería posible encontrar a los padres de ambos?
Todo esto caía ya muy lejos de mis actuales ocupaciones pero, hace unas semanas, Rafael Aróztegui publicó en su blog de Internet un documentado trabajo sobre la plaza del Tripa. En el artículo sostenía que la llamada plaza del Tripa era la plaza del Progrés, por entonces en el límite entre la ciudad y los descampados. Y aportaba imágenes de las denuncias presentadas contra el Tripa, las diligencias que lo llevaron a prisión, y hasta una imagen de su kiosco o taberna.
Entonces me di cuenta de mi error al traspasar la información al texto. Pero, sobre todo, me entró una curiosidad irresistible por saber si aquel Enric Taló tenía alguna relación con los Taló de mi familia. Recordé que los padrones municipales de Terrassa del siglo XIX están digitalizados y se pueden consultar libremente por Internet. Y decidí echarles un vistazo.


2) La verdad de los padrones

¿Es totalmente fiable la información que consta en los padrones?
Toda investigación está llena de trampas... pero también de algún descubrimiento excitante. La trampa más obvia es la que se producía cuando una mujer, al casarse, adoptaba el nombre del marido, desplazando su propio apellido paterno al segundo lugar. Así, por ejemplo, Josefa Durán Valldeperas consta como Josefa Taló Durán después de casarse con José Taló Amigó. Pero esta es una trampa fácil de desenmascarar, atendiendo a la edad y a la condición o naturaleza de las personas censadas.
Esta mecánica de transmisión y extinción de apellidos ilustra el sistema de valores profundamente patriarcal de la época. Muchos padrones solo censan a "los cabezas de familia y los varones de hasta diez años". Las consortes y las niñas son invisibles. Y, no obstante, en algunos de esos censos sí se incluyen a mujeres y niñas, mayores y menores de diez años.
En cien o doscientos años, todo cambia mucho. Empezando por algo tan simple como la caligrafía, a veces ilegible -aquí marcada como [cpl], caligrafía poco legible-, y siguiendo por la ortografía, las modas en los nombres de pila, los oficios, las costumbres sociales, el callejero... Admito que aún me muevo a ciegas por las calles y recovecos de la villa. A veces, una misma dirección puede corresponder a casas distintas, y viceversa.
La burocracia es una ciencia imperfecta, como bien sé por propia experiencia. Por mucho que te esfuerces en no cometer ni un solo error, lo natural es cometer alguno tarde o temprano. Por ejemplo, en el padrón de 1824, Joseph Taló consta como un hornero de cinco años, casado y con cuatro hijos. Al escribano municipal se le olvidó poner el cero porque en realidad tenía cincuenta.
Estos escribanos tampoco debían ser el no va más de la ilustración. Por ejemplo, el que escribía "ba a la escuela". Sin duda, cometían algunos errores de vez en cuando. Hay algunos apellidos parecidos a Taló, como Talló y Tayó, pero no creo que sean producto de un error al transcribir el apellido. Sin embargo, sí he encontrado un par de alteraciones de apellidos. Serafina Taló Solá se casó con el sastre José Berdos y tuvo un primer hijo llamado Miguel Berdos. Así figura el apellido en el padrón de 1845; pero en padrones posteriores, sus descendientes figuran como Verdos o Verdós.
El segundo caso es el de Ana Taló Soler. A partir del padrón de 1885, consta como Ana Taló Solé. No puedo afirmar con total rotundidad que ambas sean la misma persona pero eso es lo más probable. En primer lugar, no hay ninguna otra Ana Taló con la que confundirla. En segundo lugar, ambas tienen la misma fecha de nacimiento. Y, por si todo esto fuese aún insuficiente, el escribano del padrón de 1894 cometió el mismo error con su hermano José Taló Soler, que figura como Taló Solé. Y en este caso no hay ninguna duda de que se trata de la misma persona.
Para un catalanoparlante es muy fácil confundir Soler con Solé porque se pronuncian prácticamente igual. En todo caso, esta ligera alteración no tenía ninguna trascendencia pues desapareció con la propia titular del nombre ya que el apellido materno de la madre no se lega a los descendientes.
Por otro lado, no se puede olvidar que a mediados del siglo XIX, el 70 % de los terrasenses eran analfabetos. Es decir, la mayoría de mujeres pero también muchos varones. Y sospecho que, por entonces, la edad o la fecha de nacimiento no eran cosas tan absolutamente obvias como lo son hoy en día para nosotros. Algunas personas no parecen saber ni siquiera su segundo apellido, ¿cómo fiarse de sus fechas de nacimiento? Además, los propios padrones discrepan entre sí.
Por último, ¿son creíbles los datos relativos a los oficios de niños de diez o doce años? Creo que sí; es bien sabido que en aquellos años de la industrialización, en las fábricas no solo trabajaban varones adultos sino también mujeres y niños de hasta diez años. Ocurría lo mismo en las fábricas de Francia e Inglaterra. Las actuales normativas acerca del trabajo infantil y el trabajo en general aún estaban por inventar.
Claro que cuando estás buscando la línea de tus antepasados y de pronto te encuentras con una anotación de esas -José Taló Durán, diez años, aux de fábrica; Sebastián Enric Taló, trece años, aux de fábrica...- suena distinto: son niños reales, con nombres y apellidos, remotamente relacionados con tu familia.


3) Los nombres de pila

Empecé a revisar los padrones y en seguida descubrí un apellido que me resultaba muy familiar: Aymerich. En EHDA escribí que los Aymerich eran una familia rica y conocida pero sospecho que además de algunos que sí lo eran también había muchos otros Aymerich que no lo eran. Mi tatarabuela se llamaba Teresa Aymerich: combinación de un nombre de pila muy común con un apellido que en Terrassa también era bastante común. O sea, que no era la única. En el padrón de 1871 encontré por lo menos otras dos, contemporáneas suyas: Teresa Aymerich Gilaberto, de veintitrés años, hija de un albañil; y Teresa Aymerich Boada, de veintiocho. Por entonces, mi tatarabuela Teresa Aymerich Rocabert tenía treinta años. Uno de los trabajos que dejo pendiente es el de seguir las líneas de los antepasados de los cónyuges o consortes.
La elección de los nombres de pila se hacía con criterios distintos a los actuales. Era muy común que el varón primogénito recibiese el nombre del padre. Los nombres de los otros hijos e hijas se escogían para honrar a un abuelo o una abuela, o a un familiar particularmente entrañable, o a uno de sino especialmente infausto, como alguna vez me sugirió mi tío Joan. Por último, también se decidían los nombres en honor de algún santo, santa o patrón.
Esto lleva a una reiteración de nombres que, al principio, resulta un poco fastidiosa y desconcertante pero que, después, se transforma en una pieza que encaja admirablemente bien en el rompecabezas; delata algo así como la conciencia de pertenecer a una familia, a una red familiar. Algunos nombres -Serafina, Marcos, Antonia, Miguel...- se repiten a lo largo de las generaciones, e incluso en una misma generación. Quizá el caso más elocuente sea el de José Taló Amigó y su hermano Delfín. José tuvo seis hijos, a los que puso estos nombres: Juan, José, Antonia, Magdalena, Enrique y Marcos. Su hermano Delfín tuvo cinco hijos y les puso estos nombres: Antonia, Miguel, Josefa, Marcos y Juan. Así que, en torno a 1880, había una Antonia Taló Durán de dieciocho años y una Antonia Taló Aymerich de doce; y un Marcos Taló Durán de doce, y un Marcos Taló Aymerich de nueve...


4) El apellido Taló

Actualmente, las personas empadronadas en España tienen más de veinticinco mil apellidos distintos. El más común de todos es García: hay más de tres millones de personas con ese apellido. Los siguientes son los que cualquiera de nosotros podría imaginar: González, Sánchez, Hernández... Entre los cien apellidos más comunes -exactamente en el puesto 94- encuentro Moya, mi apellido materno. Y entre los doscientos más comunes, Martí, el apellido materno de mis hijos. Decenas de miles de personas empadronadas en España llevan esos apellidos.
Hay que descender muchos puestos para encontrar algo parecido a Taló: Otal, Salo, Galo, Taco, Santaló, Talló... Los Otal son unos dos mil; los Talló, poco más de trescientos. Talló ocupa el lugar 16.588 en el ranquing. Y, en fin, hay unas trescientas personas apellidadas Ojosnegros, y unas doscientas apellidadas Viracocha. Y estos apellidos aún son más comunes que Taló.
O sea que, desde un punto de vista estadístico, el apellido Taló es bastante raro.

Por otro lado, en torno a 1800, la población de la villa de Terrassa era de unos 3.000 habitantes. A lo largo del siglo, hubo diversas oscilaciones pero, aunque acabó cuadriplicándose, aún queda muy lejos de los cerca de 170.000 habitantes actuales.
Así pues, si en una población tan escasa aparecían dos personas con ese apellido tan estadísticamente raro, parecía bastante razonable pensar que había alguna clase de vínculo familiar entre ellas.

Gràfica de la población de Terrassa en el siglo XIX
(Una història de Terrassa, 2018)


5) Los sesenta y dos implicados

Tras revisar los padrones de Terrassa del siglo XIX, he encontrado a 62 personas que llevaban el apellido Taló. Excluyo de este cómputo a las mujeres que adoptaban el apellido al casarse, e incluyo a las que lo perdían por el mismo motivo.
De esas 62 personas, 60 pueden agruparse en dos líneas o ramas familiares razonablemente bien identificadas. Las otras dos personas son Tomás Bogunyà Taló y María Taló -no consta el segundo apellido-.
Tomás nació en Terrassa, en 1809. La única noticia que tengo de él se encuentra en el padrón de 1878. Por entonces, Tomás tenía casi setenta años y figura empadronado en el número 124 de la calle Font Vella, en lo que parece ser una pensión. En la misma casa viven la badalonesa Teresa Batlle, de setenta años; el leridano Simeon Janot, de sesenta y cinco; y otros tres hombres, en torno a la cuarentena, cuyos lugares de procedencia no puedo descifrar.
Tomás Bogunyà Taló es el terrasense con ese apellido más antiguo de los relacionados aquí. Y apunta a la existencia de una mujer apellidada Taló, que en 1809 estaría viviendo en la villa.
María Taló nació en Caldes de Montbui en 1827. Se trasladó a Terrassa en 1835. Consta en el padrón de 1845 como "sirvienta" en casa de Thomas Boada, de profesión "hacendado".

Las otras 60 personas se agrupan en torno a dos ramas familiares.
La primera es la que se origina a partir de Joseph Taló y Theresa Solá, ambos nacidos en Caldes de Montbui en 1774 y 1783, respectivamente. Los dos primeros hijos de Joseph y Theresa nacieron en Sant Feliu de Codines en 1804 y 1812; tuvieron un tercer hijo en 1814, que nació en Caldes. Y en 1815, la familia se trasladó a la villa de Terrassa, donde se pusieron a trabajar como horneros. En Terrassa tuvieron dos hijas más.
Hay 40 personas incluidas en esta línea familiar, a la que llamaré los Taló Solá.
La segunda línea se origina a partir de Jayme Taló, nacido en Caldes de Montbui en 1805, aproximadamente, y la terrasense Eulalia Soler, nacida en 1813. Jayme se instaló en Terrassa en 1825, a los veinte años. Ejercía el oficio de "pelayre". Pellaire, según el diccionario de Pompeu Fabra, es "quien adoba y vende pieles".
Jayme y Eulalia tuvieron por lo menos cinco hijos. De tres de ellos, solo sé el nombre y el año de nacimiento. Los otros dos tuvieron descendencia que permaneció en Terrassa.
Hay 20 personas incluidas en esta línea familiar, a la que llamaré los Taló Soler.
El enorme parecido entre Solá y Soler podría parecer sospechoso... pero creo que, en este caso, se trata de una simple coincidencia.


6) Árboles y generaciones

Ahora ya estoy plenamente convencido de que los árboles genealógicos son metafísicamente imposibles. Si uno pretende trazar un árbol realmente completo, la cosa se complica y no hay modo de meter eso en un folio, en un folio doble o en un multifolio desplegable. Otra cosa son los árboles que siguen una línea determinada, la masculina, la de primogenitura, o la que conduce a uno mismo. Suelen nacer a partir de una pareja prolífica y próspera, que transmite su riqueza a las generaciones siguientes. Pero esos árboles, desde luego, siempre son incompletos.

La segunda casilla de la lista expresa la generación a la que pertenece cada persona. Es un concepto un poco artificioso, aunque no tan alejado de lo que sucede en la realidad. Calculo unos veinticinco años para cada generación; más o menos, el tiempo que tarda un ser humano en ser capaz -física y económicamente- de tener hijos.
La generación más antigua identificada es la de Joseph y Theresa, y por eso les ubico en lo que llamo la primera generación, aunque es obvio que esto es solo un artificio. Mantengo el mismo criterio para la otra rama familiar, aunque no haya identificado a la primera generación.
Así, resulta que Jayme Taló, Tomás Bogunyà Taló y los hijos de Joseph y Theresa pertenecen a la misma generación.
Si la primera generación nació en el último cuarto del siglo XVIII, hasta 1900 caben unas cinco generaciones. Y, en efecto, las personas que pertenecen a lo que llamo la quinta generación nacieron en torno a la última década del siglo XIX y vivieron ya en pleno siglo XX, fuera del ámbito de este pequeño estudio. Una de esas personas es mi abuelo paterno, una figura que me cae terriblemente próxima, teniendo en cuenta que estamos hablando del siglo XIX.


7) Datos fósiles

Siempre me ha parecido asombroso lo mucho que puede inferirse a partir de una dentadura fósil o de un esqueleto, incluso de uno incompleto. Por ejemplo, el tamaño del animal, el tipo de alimentación; y, en consecuencia, el hábitat... Claro que eso no solo se deduce a partir de la dentadura sino aplicando a la dentadura todo lo que se sabe sobre otras cuestiones. La ignorancia de algunos, aliada con la malicia de los ideólogos neoliberales, lleva a desconfiar de esas hipótesis de un modo parecido a como la mayoría de nosotros nos mostramos escépticos cuando nos hablan de lo que existe a millones de años-luz de distancia, ¿acaso han estado ahí para verlo, eh? La desconfianza se ve alimentada por el hecho, mortificante pero inevitable, de que cada nuevo descubrimiento de los restos de un homínido supone reordenar el árbol entero de los homínidos de arriba abajo. Ahora bien, ningún humano pudo ver jamás a un dinosaurio pero de algún modo hay que explicar la existencia de esqueletos que no corresponden a ninguna especie actualmente viva...
De un modo análogo, los someros datos del padrón arrojan a veces destellos, fogonazos, vívidas imágenes. Por ejemplo, el apunte censal de Jayme Taló de 1871. Por entonces, Jayme tenía casi setenta años - cuatro menos, según otros padrones- y consta con el oficio de peón. Bueno, si realmente estaba trabajando de peón a esa edad tenía que ser un tipo bastante curtido, diría yo. Había trabajado de pelayre, y luego de jornalero y de peón. Jayme llegó a Terrassa a los veinte años. Sospecho que su mujer Eulalia, con la que tuvo cinco hijos, murió relativamente joven. Aparecía en el padrón de 1845; en el de 1860 no aparece ninguno de los dos; y en el de 1869, Jayme ya aparece casado con una mujer llamada Teresa Soldevila.
Así que aquí tenemos a un curtido jornalero de casi setenta años viviendo con su segunda mujer, diez o quince años más joven que él.

***

Como ya sugería en aquel capítulo del libro, entre estas 62 personas encontramos un poco de todo: parejas prolíficas y solteros, fabricantes y jornaleros, un diputado y un tabernero, vidas segadas precozmente y vidas longevas...
Por lo que hace a los oficios, el más común con diferencia es el de tejedor: 13 de esas 62 personas desempeñaron ese oficio en algún momento de su vida; la mayoría, a lo largo de toda su vida. También relacionados con la industria textil, hay cuatro "aux fábrica" -niños y mujeres, sobre todo-, dos pellaires, un hilador y un fabricante. Creo leer la palabra "industria" o "industrial" en la casilla de oficio de José Trenchs Taló, aunque solo tiene doce años.
El segundo oficio más común es el de hornero o panadero. Joseph Taló y Theresa Solá transmitieron ese oficio a su hijo José Taló Solá, quien a su vez lo transmitió a su hijo José Taló Amigó y, temporalmente, también a sus hermanos Delfín y Marcos.
Hay cuatro jornaleros y tres comerciantes.
Y un barbero, un peluquero, un sastre, un zapatero, un carpintero, un cerrajero, un escribiente, una sirvienta, un bibliotecario...

***

En el libro citaba la donación de monedas que hizo Miguel Taló Amigó al Casino del Comerç y me preguntaba si otras personas con ese apellido de las que había encontrado alguna referencia en los últimos tiempos serían descendientes suyos. Ahora puedo ubicar bastante mejor a esas personas; pero ninguna de ellas era descendiente de Miguel.
Miguel Taló Amigó nació en 1846. Pertenece a la rama de los Taló Solá. Era el cuarto hijo por orden de edad de José Taló Solá, hornero analfabeto nacido en Sant Feliu de Codines, y de Antonia Amigó, de nuevo una combinación de nombre de pila y apellido muy comunes, que no he investigado. José había heredado el oficio de sus padres; de ambos porque, a diferencia de la mayoría de mujeres consortes,Theresa Solá sí consta con el oficio específico de hornera. Creo que a Joseph y Theresa no les fue del todo modo mal en su aventura terrasense. Una década después de su llegada a la ciudad, tenían alojada en su casa a una "criada", una chica de dieciocho años llamada Cayetana o Gayetana Martí. En 1828 ya constan viviendo en una casa de la plaza Vella, que se convertirá durante algún tiempo en la casa pairal.
José y Antonia tuvieron seis hijos. El mayor, José Taló Amigó, prolongó el negocio familiar de la panadería. Permaneció en la casa pairal por lo menos hasta 1871. Falleció entre esa fecha y 1878; es decir, antes de cumplir los cuarenta y cinco años. En 1878, su viuda y sus hijos ya habían abandonado la casa pairal. Ninguno de sus hijos siguió con el negocio del horno; más bien, da la impresión de que la economía familiar entró en crisis, pues los hijos se pusieron a trabajar desde muy temprano.
La segunda por orden de edad era Adelaida Taló Amigó. En 1860, ya se había casado con el fabricante José Armengol Torras, y vivía en casa de sus suegros, con un cuñado, dos cuñadas y el marido de una de éstas, el ebanista Juan Marsal. José y Adelaida tuvieron cuatro hijos; de tres de ellos, no sé nada más que los nombres y la fecha de nacimiento. Del cuarto, Gaspar Armengol Taló, hablaré más adelante.
El segundo varón, y tercero por orden de edad, se llamaba Delfín Taló Amigó. En 1860 tenía veinte años, vivía en la casa pairal con sus padres y consta con el oficio de panadero. Nueve años después, Delfín ya se había trasladado a la calle Mediana del Paseo, un poco alejada del centro. Seguía ejerciendo de panadero. Ya tenía dos hijos, y en su casa vivía también su hermano Marcos, de veinte, también panadero. Todo apunta a que Delfín había abierto algo así como una sucursal del negocio de panadería en la Mediana del Paseo. Y que su joven hermano Marcos le ayudaba, al tiempo que aprendía el oficio. Sin embargo, tan solo dos años después, Delfín ya consta como tejedor. Como diría un conocido astronauta, un pequeño detalle en los apuntes censales pero un cambio gigantesco en aquella parte de la rama familiar pues a partir de entonces, y durante tres generaciones, los descendientes de Delfín ya no hornearon pan sino que se consagraron al arte de cruzar hilos.
Miguel Taló Amigó era, pues, el tercer varón y cuarto por orden de edad. El padrón de 1860 le atribuye diecinueve años pero en realidad solo tenía catorce. A los catorce años, Miguel "va a la escuela".
La quinta de la familia era Serafina Taló Amigó. Serafina se casó con un cerrajero de Monistrol llamado José Ricart Vila, que tal vez era viudo. Posiblemente, Serafina estuvo ausente de Terrassa durante algunos años. Pero acabó regresando pues en 1885 consta empadronada con su marido y sus hijos en la calle Surís.
El sexto y último identificado de la familia era Marcos Taló Amigó. En 186o, tenía diez años y consta con el singular oficio de "aprendiz de pintor". A los diecinueve o veinte, vivía en casa de su hermano Delfín y ejercía de panadero. Acabó trabajando de tejedor. Se casó con Teresa Rodó Vidal y tuvieron tres hijos. Al mayor le pusieron el poco corriente nombre de Delfín, ... ¿quizá una muestra de gratitud hacia su hermano?

En 1871, con veinticinco años, Miguel estaba viviendo con su tía Dolores Taló Solá. En realidad, la cabeza de familia en este caso era una mujer soltera de treinta años llamada Teresa Domingo Taló. Supongo que era hija de Dolores y de un hombre no identificado pero apellidado Domingo.
En la casa vivía también otra chica de diecinueve años llamada Dolores Niumó [cpl] Taló. Así que mi hipótesis es que Dolores había enviudado del señor Domingo y se había casado con un hombre llamado Niumó, con el que habría tenido otra hija.
Ni Dolores, ni sus presuntas hijas, ni su sobrino Miguel constan con un oficio específico. Y, no obstante, en la casa también vive una sirvienta, Teresa Tomella Agusí, una chica de quince años oriunda de Vacarisses.
Por último, el censo de la casa se completa con los hermanos Rafael y Lucas Lluch Comerma [clp]. Procedentes del Bages, en torno a la cincuentena, solteros. Rafael era escribiente y Lucas, que consta como "transeúnte", comisionista.
Ningún narrador se quedaría en blanco ante un apunte como este. ¿Había alguna relación sentimental entre Dolores Taló y el escribiente?, ¿de qué vivían Dolores, sus hijas, su sobrino y la criada?, ¿vestían siempre de negro los muy evangélicos hermanos Lluch...?
Aquel mismo año, exactamente el 22 de febrero, se fundó la Societat de la Sabata, una tertulia en la que se discutían temas de actualidad, según explicaba el cronista Baltasar Ragón. Uno de sus socios fundadores fue Miguel Taló Amigó.

En 1878, Miguel tenía treinta y dos años. Por primera vez, aparece con un oficio concreto: "criado". En la casa hay otros dos "criados": Francisco Prat, de Tona (Barcelona) y Agustín Leal Moyano, de Hinojosa (Córdoba), ambos en torno a la treintena. En el número 25 de la calle San Pedro también consta censado Ignacio Amat Galí, de sesenta años, fabricante.

Imagen del padrón de 1878 relativa a los ocupantes
del número 25 de la calle Sant Pere 


Para quienes desconocemos la historia local, el nombre resulta vagamente familiar. Pero Ignacio Amat Galí fue uno de los terrasenses más destacados de su época. Estudió en Francia e importó los nuevos mecanismos o maquinarias que se utilizaban para tejer. Por lo que leo, era uno de los pocos empresarios que realizaban todo el proceso textil, desde el lavado de la lana hasta el tinte y los acabados... Su primera empresa tenía más de un centenar de trabajadores. Fue alcalde de Terrassa en 1863/64. Visitó las exposiciones universales de París (1867) y Viena (1873). Fundó el Institut Industrial y la Caixa d'Estalvis de Terrassa. Y una de sus nietas se casó con el ínclito Alfonso Sala.
¿Qué hacía Miguel viviendo en casa del fabricante?, ¿era realmente un "criado"?, ¿o era más bien una especie de protegido, o tutelado, como tal vez fuesen también los otros dos jóvenes "criados"?

En 1885, a punto de cumplir cuarenta años, Miguel aparece empadronado en casa de su hermano Delfín; de nuevo, sin oficio específico. Sin embargo, tan solo un año después, el 3 de enero de 1886, se inauguró la biblioteca del Casino del Comerç. La entidad tenía unos quinientos socios y a la inauguración asistieron unas dos mil personas. Como encargado de la biblioteca se nombró al socio Miguel Taló Amigó. "En Taló arxivava i catalogava els llibres amb un interès extraordinari", dice Ragón.
Y, en efecto, ese es el oficio que le consta en el último padrón del siglo: "bibliotecario". Pero, curiosamente, en 1894 Miguel vuelve a vivir en casa de los Amat. Ignacio Amat Galí ya había muerto pero en la casa permanecían su viuda, Emilia Brugada Just, y su hijo, el ingeniero Bartolomé Amat Brugada. Ahora, además, en la casa ya no hay "criados" sino "sirvientas": Francisca Plana Mas, leridana de veinticuatro años; y Josefa Gallofré Segarra, de veinte años, oriunda de Montoliu.
Las palabras que Paulina Pi de la Serra dedica a Miguel en L'ambient cultural a Terrassa 1877-1977, corresponden a a esa época. "El bibliotecari era Miquel Taló, soci del Casino, home modest i benemèrit, al qual ni la desgràcia d'esser geperut, cosa que el feia víctima de moltes brometes, ni les seves obligacions prop de la família Amat del carrer Sant Pere, que serví sempre fidelment, no privaren d'unes afeccions intel.lectuals".
Así pues, resulta que Miguel era jorobado. Quizá solo un poco, pero lo bastante como para que la gente maliciosa se burlase de él.

Rebasada la frontera del siglo, en 1903, Miguel hizo la famosa donación de monedas al Casino. Eran exactamente 529 monedas, algunas muy antiguas, otras muy exóticas. No dudo de que era una colección valiosa.
Ana Fernández explica en Col.leccionistes de Terrassa (2017) que Miguel cedió la colección, un verbo distinto al de donar. Y que la cedió a condición de que él o sus legítimos herederos pudiesen recuperarla, si la entidad se disolvía.
Pero, al parecer, Miguel Taló Amigó murió al año siguiente. Y sin descendencia, que yo sepa.
A la colección se añadieron algunas monedas más con el paso del tiempo. Y, según Rafel Comes, el monetario fue subastado en diciembre de 1979, junto con otras donaciones recibidas por la entidad.
Por supuesto, me pregunto cómo pudo llegar a reunir una colección tan valiosa un hombre que trabajaba de "criado", de "conserje" del Casino -según Ana Fernández-, o, a lo sumo, de "bibliotecario". Y me admira que un homeless como él prefiriese ceder su valiosa colección a tratar de venderla para comprarse un techo bajo el que dormir.

Varios socios del entonces llamado Casino Tarrasense. La imagen procede del Arxiu Tobella
y aparece reproducida en
La vida cultural i recreativa a la Terrassa d'ahir, 1875-1931, de L. Plans
Supongamos que hay un jorobado entre ellos: yo apostaría por el hombre que se encuentra en el
centro de la fila del medio.  

***

Gaspar Armengol Taló quizá no fuese tan pintoresco como su tío Miguel Taló Amigó, pero sí fue tanto o más ilustre. Nació en 1873 y era el cuarto hijo de Adelaida Taló Amigó y José Armengol Torras, fabricante, jornalero y aprestador -por ese orden-. Adelaida y José tuvieron por lo menos cuatro hijos: Juan, Teresa, Francisco y Gaspar. De los tres primeros no sé nada más.
Como he dicho, Adelaida vivió algún tiempo en casa de sus suegros, en la calle San Fernando. En 1871, ya consta viviendo en la calle de la Paja.
José Armengol y Adelaida Taló era analfabetos pero su hijo Gaspar llegó a ser diputado en las Cortes de 1934 por la circunscripción electoral de Barcelona. Era el tercero en la lista de ERC-USC, detrás de Lluís Companys y Salvador Armenteros.
En 1894 consta como comerciante. He leído que era fabricante a pequeña escala. Según la Wikipedia, fue Tesorero de la Fraternitat Republicana (1903), vocal del Teatro Principal, miembro de la Junta de Govern del Banc de Terrassa (1924). Y también fue presidente del Círcol Egarenc (1925) y de la Associació d'Amics del Teatre (1930).
Gustau Erill lo define como "industrial progresista" y "agnóstico", y cuenta que "protegía a numerosos artistas, intelectuales y estudiantes terrasense" ("hacía de tutor a media Terrassa", dice una de las publicaciones en las que se habla de él")". Uno de esos artistas fue el poeta Joan Salvat-Papasseit, quien acabó despidiéndose del trabajo que le había proporcionado ante las exigencias de su mecenas.
Según la Wikipedia, Gaspar murió el 26 de noviembre de 1934 en Barcelona.



***

En el lado oscuro de la villa y de la vida, encontramos a Enrique Taló Durán, el Tripa, primo de Gaspar y sobrino de Miguel.
Aróztegui, en un despliegue retórico, califica al Tripa de "fatxenda" i "facinerós" pero quizá no fuese más que un pobre diablo. De la documentación aportada no se desprende que fuese un asesino o un ladrón; y, por lo que parece, ni siquiera era un proxeneta boyante. En realidad, sus líos con las autoridades empezaron porque "se jugó a los prohibidos en el kiosco número 1", que él regentaba. Ante las protestas de los vecinos, se le conminó a cerrar la taberna a las diez de la noche. Y, como no obedeció, se le multó por no acatar la orden de cerrar el negocio a esa hora. Y, como no pagó la multa, le metieron en prisión durante unas cuantas semanas.
Sí parece acreditado que en su taberna, kiosco o bodegón -mejor que "prostíbulo"-, se practicaba o se pactaba el comercio sexual. Pero, a partir de los documentos que aporta Aróztegui, no parece que las prostitutas que rondaban por allí fuesen precisamente mujeres muy sumisas, dispuestas a dejarse chulear por un proxeneta. Sabemos algunos nombres: Teresa Ribot, Beatriz Puig, Rosa Recasens...
Teresa Ribot fue expulsada de la ciudad tres veces en un mes por practicar la prostitución. Había nacido en Pals pero vivía en Sabadell. En agosto de 1889, las autoridades la pusieron en un tren con destino a Sabadell a la una de la tarde; solo tres horas después, volvía a estar en Terrassa, ejerciendo su "repugnante comercio" -según la denuncia- durante el resto de la tarde y la noche.
Esto me lleva a pensar que Teresa Ribot difícilmente se dejaría explotar por un proxeneta. Otra cosa era que el Tripa les permitiese apostarse en el bodegón para cazar clientes o para que estos supiesen dónde encontrarlas. Aunque luego el acto se materializase en un lugar más o menos discreto, como el cobertizo de una ladrillería que había a cien pasos de allí.
Por otro lado, esto también me lleva a pensar que a Teresa Ribot no le faltaba clientela.

Enrique Taló, el Tripa, no provenía de una familia marginal, precisamente. Pero su padre fue el último José Taló que trabajó de hornero, siguiendo la tradición familiar de los primogénitos. Y el que abandonó la casa pairal de la plaza Vella. Y con toda probabilidad, José Taló Amigó murió antes de cumplir los cuarenta y cinco años.
Se casó con Josefa Durán Valldeperas, e inicialmente se quedaron a vivir en la casa pairal. Les consta un primer hijo llamado Juan, nacido en 1859, que no vuelve a aparecer en los padrones por lo que sospecho que murió precozmente.
Tuvieron un segundo hijo, José Taló Durán, que nunca trabajó de hornero. A los diez años, consta con el oficio de "aux fábrica"; a los diecisiete, con el de jornalero, y desde los veinticinco, con el de tejedor. Nunca llegó a ejercer de hornero, según los padrones. Por otro lado, a los treinta años ya figura como viudo. No he podido identificar a la mujer ni esclarecer si llegó a tener algún descendiente.
La segunda de la familia Taló Durán era Antonia. Se casó con el hilador José Enric Masachs y tuvo un hijo llamado Sebastián Enric Taló. En 1885 vivían en la calle Jazmín, número 5. En 1894, Antonia y Sebastián aparecen censados en casa de Josefa Durán, junto a su hermano viudo y a Enrique. José ejerce de tejedor y Antonia, Enrique y Sebastián como "aux de fábrica".
La tercera de la familia fue Magdalena Taló Durán. Se casó con el tejedor Pedro Carreras. En 1894 tenían dos hijas: Josefa y Antonia. Vivían en el 21 de la calle Guttemberg.
El cuarto era Enrique.
Y el quinto era Marcos Taló Durán. Ejerció de tejedor y se casó con una mujer de Artés llamada Carolina Prunés Cot. Vivían en la calle San Lorenzo y en 1894 tenían un hijo llamado Pedro Taló Prunés.

Sospecho que las tradiciones familiares, los legados y las herencias no pueden prolongarse mucho más allá de tres generaciones. En setenta y cinco años, todo cambia mucho; lo que en un momento dado es rentable, práctico o útil, con el paso del tiempo se convierte en obsoleto, ineficaz o ruinoso. La primera generación de los Taló Solá llegó a tener una criada. La segunda no, pero prolongó el oficio. El José Taló de la tercera generación también se dedicó a hornear pan pero ninguno de sus hijos pudo o quiso continuar con el oficio.
Es posible que la muerte más o menos temprana de José Taló Amigó, padre del Tripa, provocase una crisis económica familiar. Pero aún estaba vivo cuando puso a su hijo José Taló Durán a trabajar en una fábrica con solo diez años.
También es posible que ese primer hijo llamado Juan que aparece en el padrón de 1860 no prosperase. Así que la infancia de Enrique posiblemente no fuese muy feliz sino más bien sombría. Antes de cumplir diez años, vivió la experiencia de perder a su padre, tal vez a un hermano, el cambio de casa y la pérdida del negocio.
Los hechos documentos por Aróztegui ocurrieron en 1899. En el siguiente padrón del nuevo siglo, Enrique constará como "tabernero". Al parecer, Enrique decidió buscar una alternativa al alienante, insano y mal pagado trabajo en una fábrica. Sin duda, el Tripa tenía su negocio en la frontera entre lo legal y y lo ilegal, pero quizá solo fuese un pobre diablo, con una de esas barrigas de bebedor, que sobrevivía vendiendo vinos, organizando timbas de cartas y permitiendo a las prostitutas que se apostasen allí para cazar clientes...
Pero las prostitutas y los clientes que se reunían en su taberna de la plaza del Progrés resultaban demasiado ruidosos e indiscretos para la moral de los terrasenses; desvelaban su vida oculta y sus pasiones oscuras.


8) El mas Taló

He dicho que Joseph y Theresa, la pareja que origina la línea de los Taló Solá, habían nacido en Caldes de Montbui. También Jayme Taló, que origina la línea de los Taló Soler, nació en Caldes de Montbui. Y, por último, la "sirvienta" María Taló también nació en Caldes de Montbui. Aunque cada uno de ellos pertenece a una generación distinta, es evidente que la investigación ha de seguir en Caldes de Montbui. En torno al año 1800, Caldes tenía la mitad de población que Terrassa. O sea que es bastante probable que Joseph Taló, Jayme Taló y María Taló estén relacionados familiarmente entre sí.
Aún no he empezado a buscar en los padrones digitalizados de Caldes de Montbui, que empiezan en 1850. Pero de pronto recordé que alguien me había hablado de una masía llamada can Taló, que se encontraba cerca de Caldes.
El mas de can Taló aún existe pero no está cerca de Caldes, aunque tampoco lejos. Se encuentra solitariamente ubicado al borde de la carretera C 1314b, exactamente en el kilómetro 11. Esa carretera figura en algunos mapas como la carretera de Sant Feliu de Codines. El mas está a unos once o doce tortuosos kilómetros de Sant Feliu de Codines.
Hay tres topónimos relacionados con el apellido: el Taló -es decir, el mas Taló-; los campos del Taló, que son las tierras que lo circundan; y el collado o coll de can Taló, que se encuentra entre el mas y la población de Centelles.


Mi hermana, casualmente, ha vivido en Sant Feliu de Codines y me explicó que allí aún existe una casa a la que llaman can Taló, aunque sus propietarios actuales no tienen ni idea de por qué o desde cuando se tiene ese nombre. Pero en 2019 siguen identificándose como los de can Taló.
No parece tan descabellado relacionar el mas de can Taló con los Taló que andaban por Sant Feliu de Codines y Caldes de Montbui en torno al año 1800. Es bien sabido que, según una larga tradición, todas las tierras familiares eran heredadas por el hermano mayor, para evitar una excesiva parcelación, y el resto de los hermanos tenía que buscarse la vida por su cuenta. Los que podían, se hacían clérigos, para garantizarse el diario yantar. Otros emigraban a poblaciones más o menos próximas en busca de un trabajo con el que ganarse la vida. Es razonable pensar que, por lo menos las primeras generaciones, no se alejarían mucho del mas. Y desde el mas hasta Sant Feliu solo hay once o doce kilómetros. De Sant Feliu a Caldes, otros once o doce.
Mi hermana y yo fuimos a husmear un poco el terreno. La masía tiene muy buen aspecto desde fuera; en la fachada, hay un baldosa en la que aún se lee "MAS TALÓ". Su actual propietario es un hombre retirado, de unos sesenta y cinco o setenta años. Nos explicó que el mas Taló no era la masía pairal, sino solo la casa de los masoveros. Y que esta había sido una construcción muy precaria hasta principios del siglo XX, en que un abuelo suyo la había restaurado y ampliado. La auténtica masía está a unos mil metros de allí, y le llaman el Pou. Ese era el apellido de los antiguos propietarios.
También nos explicó que su mujer era aficionada a elaborar árboles genealógicos y que no había encontrado a ningún Taló en sus estudios. Aunque el hombre admitió que quizá no habían ido más allá del siglo XIX.


9) Cabos sueltos

En aquel segundo capítulo del libro, además de las referencias a Miguel Taló Amigó, Gaspar Armengol Taló y Enrique Taló Durán -todos ellos bajo el seudónimo adoptado para el narrador-, también había otros pocos cabos sueltos que hoy puedo identificar mejor.
El distribuidor de material fotográfico era, con toda probabilidad aunque no con absoluta certeza, Jaime Taló Pamias, perteneciente a la segunda línea familiar, los Taló Soler. Nieto de Jayme, el jornalero nacido en Caldes, e hijo de José Taló Soler y Josefa Pamias. En El vedutisme terrassenc o la mirada endógena, de Comes/Fernández/Saludes, encuentro una nota a pie de página que dice: "Altres venedors de material fotográfic a Terrassa són Jaume Taló i el seu succesor Josep M Nogués i Farrés, amb un laboratori al carrer de la Palla i una drogueria al carrer de la Font Vella". Jaime o Jaume Taló Pamias nació en 1856; o sea que, en torno a 1910, tendría una edad como para empezar a pensar en retirarse. Y no he encontrado ningún otro Jaime Taló, aparte de su abuelo, que en esas fechas sería centenario.
Por lo que hace al José Taló que firmó un manifiesto de adhesión política en el año 1868, el siglo está lleno de ellos: ¡hay ocho José Taló! Ahora bien, para esa fecha creo que solo hay dos buenos candidatos: el hornero José Taló Amigó, que por entonces tendría unos treinta y pocos años; y el barbero temporal y futuro tejedor José Taló Soler, que tendría unos treinta y cinco.
El hombre que murió en una de las últimas batallas de la Guerra Civil se llamaba José Taló Clavell. No consta en los padrones del siglo XIX porque nació en 1905. Pero en esos padrones sí constan los Taló Clavell. El citado Jaume tenía un hermano llamado José Taló Pamias, que ejerció de peluquero, tejedor y escribiente. Se casó con Paulina Clavell, nacida en l'Atmella, y en 1894 les constan tres hijos: Montserrat, Josefa y Jaime, nacidos en la última década del siglo.
Encontré a este José Taló Clavell a través de un anuncio en La Vanguardia, de junio de 1939. Su esposa, Rosario Campà, rogaba noticias suyas a quien las tuviese. José pertenecía a la 24 División, 133 Brigada Mixta, 531 Batallón, 3ª Compañía... Algún tiempo después, en un número de la revista Terme, aparecía José Taló Clavell en una lista de víctimas terrasenses de la guerra, muertos en el frente. Murió el 5 de enero de 1939, aunque se ignora el lugar exacto de la muerte. Seis meses después, con los franquistas ya en el poder, su esposa seguía tratando de averiguar qué había sido de él.
En la época en la que preparaba aquel capítulo del libro, mi hijo Marcel consultaba documentos antiguos no tan accesibles a la gente corriente como los padrones colgados en Internet; y, si por casualidad encontraba una referencia a un Taló, tomaba una nota rápida y después me la pasaba a mí, a menudo a través del teléfono móvil. Al recopilar esas notas, sucedió algo muy curioso. Marcel me había dicho que en el volumen XCVI de los protocolos notariales de Juan Carreras aparecía una Serafina Taló Solé. Así lo tengo anotado en mi libreta. Quizá yo, involuntariamente, modifiqué el segundo apellido; o quizá conste así en el documento notarial. Pero esa persona no puede ser otra que Serafina Taló Solá, hija de Joseph y Theresa. Un error parecido al de los escribanos que confundieron Soler con Solé.


10) Una fotografía de 1900

Es increíble la cantidad de cosas que he descubierto y aprendido en unas pocas semanas. He resuelto la cuestión en torno al Tripa, que resulta ser un sobrino de mi tatarabuelo; y he encontrado a los padres de mi tatarabuelo, e incluso a dos de sus abuelos, remontando así dos generaciones con respecto a la tradición oral de mi tío Joan; una aportación que colma mis ambiciones.
Comprendo que algunas personas no sientan el menor interés por sus antepasados. Yo tampoco comparto la megalomanía de los que investigan sus antecedentes familiares como si se tratase de un linaje real. En verdad, todo empezó con un par de preguntas sencillas pero muy pronto se convirtió en un desafío intelectual irresistible; me sentía poseído por los descubrimientos que iba haciendo, como un detective que sigue buenas pistas, encontrando los "eslabones perdidos" que me permitían enlazar generaciones, reconstruyendo una larga historia de hombres y mujeres de toda condición, deslumbrado por los fogonazos de vida o micronovelas que se adivinan en los someros apuntes del padrón...
Y, bueno, después de todo, resultó que todo aquel trabajo -o buena parte de él- ya había sido realizado por Juan Ubach Taló, descendiente del hermano menor de mi bisabuelo, Juan Taló Aymerich. Mi hermana contactó por casualidad con él, y Juan Ubach le proporcionó un pequeño dossier con unas cuantas fotografías, un pulcro árbol genealógico, un peinado de los padrones del siglo XIX y parte del siglo XX, y la fotocopia de un texto, que resultó ser el Recuento familiar de mi tío Joan Taló, ¡que yo mismo mecanografié!
La mayoría de fotografías eran poco interesantes; parecían proceder de los álbumes de mi propio tío Joan. Pero había una, muy antigua, que yo no había visto nunca: un retrato familiar del año 1900, en el que aparecen mi tatarabuelo Delfín, su mujer Teresa, y sus cinco hijos: Antonia, Miguel, Josefa, Marcos y Juan. El lugar en el que está tomada la fotografía podría ser un estudio fotográfico pero también el patio de la vieja casona.
Es un clásico retrato familiar. Los padres están sentados en el centro; él, con una mano apoyada en un bastón; ella, ocupando sus manos inquietas con un abanico. A ambos lados, también sentados, aparecen los dos hijos mayores: Antonia, al lado de su padre, y Miguel, al lado de su madre. Cumpliendo eso que en el libro llamaba la "geometría familiar perfecta", ambos replican el gesto de los padres: el varón, Miguel, apoya una de sus manos en un bastón; la mujer, Antonia, sostiene otro abanico.
Detrás, de pie, como una especie de hijos en la reserva, los tres más jóvenes.
Se me ocurrirían muchas cosas a partir de esa imagen... Encuentro algunos parecidos físicos: Miguel y Marcos tienen un aire similar, quizá porque lucen el mismo tipo de barba. Quizá sea casualidad pero ambos acabaron viajando a América en busca de mejor fortuna. Solo regresó Marcos. Mi bisabuelo murió en México, no a causa de un tifus como parecía sugerir el relato de mi tío, sino más probablemente a causa de la violencia revolucionaria contra las haciendas y sus encargados. Pero su viuda y sus dos hijos varones sí regresaron a Europa, a Terrassa, al "33 bis" de la calle Mediana del Paseo. Y eso hizo posible que, un siglo después, algunos descendientes de aquel hombre enterrado en América Central figuren empadronados en la ciudad de Terrassa.
Cuando preparé la reconstrucción de aquella parte de la rama familiar, me basé en sendos retratos de mi tatarabuelo y de mi bisabuelo, que fotografié antes de que la vieja casona fuese desmantelada. Mis razonamientos acerca de quién era quién parecían bastante irrebatibles: si mi bisabuelo murió a los cuarenta y cuatro años, no podía ser el hombre que aparentaba tener sesenta. Sin embargo, yo no tenía una certeza total; alguno de aquellos dos cuadros podría ser el retrato de otro pariente no tan directo o cercano pero convenientemente colocado allí para llenar la pared.
Ahora puedo comparar los dos retratos con la fotografía. En el caso de Delfín, parece bastante fácil identificarle. En el caso del otro retrato, ¿a cuál de los tres hermanos correspondería? 

Delfín, en la fotografía de 1900
Delfín en el retrato; año desconocido

Retrato, de fecha desconocida

Miguel
Marcos

Juan













11) Hábitat

No querría terminar esta modesta investigación sin por lo menos hacer una alusión al hábitat histórico en el que se desarrollaron las vidas que aparecen en los padrones. Es forzoso sumergirse en la realidad de lo que sucedía en aquellos años en Terrassa para poder siquiera empezar a pensar en rellenar los huecos a base de imaginación deductiva. Y se saben bastantes cosas de lo que ocurría en Terrassa en esas fechas.
Los primeros años del siglo fueron tiempos de guerra. Las tropas de Napoleón trataban de ocupar el país pero había un levantamiento popular contra el invasor. En febrero de 1807 tuvo lugar la famosa batalla del Bruc, en la que un tamborilero de Santpedor de diecisiete años llamado Isidre Lluçà quedó inmortalizado en una leyenda heroica, aunque lo cierto es que en aquella batalla lucharon muchos otros catalanes, y que la batalla no resultó tan decisiva pues las tropas napoleónicas continuaron instaladas en el país, en la ciudad de Barcelona, durante años. La llamada Guerra contra el Francés duró hasta 1814.
Durante todo aquel tiempo, las ciudades del Vallés se vieron asediadas y extorsionadas por las tropas francesas. El 23 de marzo de 1809, los franceses entraron en la villa de Terrassa. Entre otras hazañas, le cortaron la cabeza a un payés de setenta y seis años llamado Gabriel Dalmau, y obligaron a la esposa del payés a sostener el cesto en el que cayó la testa decapitada -la pobre anciana murió al cabo de un mes-. O eso explica Salvador Cardús. Los franceses utilizaron la iglesia de Sant Pere como establo para sus caballos.
Aquel mismo año, una epidemia de tifus acabó con una quinta parte de la población de la villa. Joaquín Sagrera escribía: "en Terrassa no queda gente". El cementerio se quedó pequeño para tantos muertos y los cadáveres tuvieron que ser enterrados en un terreno de la vecina cuadra de Vallparadís, lo que provocó una disputa con el bayle de la cuadra.
Joaquín Sagrera, que era fabricante, sufragaba los gastos de la revuelta contra el Francés de su propio y acaudalado bolsillo. Envió muchas cartas a sus clientes para dar razón de los retrasos que sufría la producción textil. Los franceses estaban instalados en Barcelona pero salían a las poblaciones próximas en busca de personas ricas, a las que apresaban y por las cuales pedían un rescate.
Sagrera parece sintetizar la situación al hablar de lo continuo susto en què estem vivint... 

12) Anexo
Tabla de personas con el apellido Taló en los padrones del siglo XIX de Terrassa


num nombre nacim ram fam gener sexo oficio
1 TALÓ Joseph 1774 1 1 h hornero
2 TALÓ SOLÁ José 1804 1 2 h panadero
3 TALÓ Jayme 1805 2 2 h pelaire/peón/jornalero
4 BOGUÑÁ TALÓ Tomás 1809 0 2 h
5 TALÓ SOLÁ Ramón 1812 1 2 h pelaire
6 TALÓ SOLÁ Miguel 1814 1 2 h
7 TALÓ SOLÁ Serafina 1819 1 2 m
8 TALÓ SOLÁ Dolores 1821 1 2 m
9 TALÓ, María 1827 0 3 m sirvienta
10 TALÓ SOLER José 1831 2 3 h barbero/tejedor
11 TALÓ AMIGÓ José 1832 1 3 h panadero
12 TALÓ SOLER Francisco 1836 2 3 h
13 TALÓ AMIGÓ Adelaida 1836 1 3 m
14 TALÓ SOLER Ana 1840 2 3 m tejedor
15 TALÓ AMIGÓ Delfín 1840 1 3 h panadero/tejedor
16 TALÓ SOLER Juan 1840 2 3 h
17 DOMINGO TALÓ Teresa 1841 1 3 m
18 TALÓ AMIGÓ Miguel 1841 1 3 h criado/bibliotecario
19 TALÓ SOLER Salvadora 1844 2 3 m
20 TALÓ AMIGÓ Serafina 1848 1 3 m
21 VERDOS TALÓ Pedro 1849 1 3 h fabricante
22 TALÓ AMIGÓ Marcos 1850 1 3 h ap pintor/panad/tejer
23 NUMIÓ TALÓ Dolores 1852 1 3 m
24 TALÓ PAMIAS Ramón 1853 2 4 h tejedor
25 ARMENGOL TALÓ Francisco 1853 1 4 h
26 TALÓ PAMIAS Jaime 1856 2 4 h zapatero
27 ARMENGOL TALÓ Juan 1857 1 4 h
28 TALÓ DURÁN, Juan 1859 1 4 h
29 ARMENGOL TALÓ Teresa 1859 1 4 m
30 TALÓ PAMIAS José 1860 2 4 h peluquero/tej/escribiente
31 TALÓ DURÁN José 1861 1 4 h aux fab/jornalero/tejedor
32 TALÓ DURÁN Antonia 1862 1 4 m aux fab
33 TRENCHS TALÓ Jaime 1863 2 4 h carpintero
34 TALÓ DURÁN Magdalena 1865 1 4 m
35 TALÓ AYMERICH AntonIa 1866 1 4 m
36 TRENCHS TALÓ Francisca 1867 2 4 m tejedor
37 TALÓ DURÁN Enrique 1867 1 4 h aux fab/hilador
38 TALÓ AYMERICH Miguel 1868 1 4 h comercio/tejedor
39 TALÓ DURÁN Marcos 1868 1 4 h tejedor
40 CARRERAS TALÓ, Antonia 1868 1 5 m
41 TRENCHS TALÓ Cayetano 1869 2 4 h tejedor/jornalero
42 TALÓ AYMERICH Josefa 1870 1 4 m
43 TALÓ AYMERICH Marcos 1871 1 4 h tejedor
44 ARMENGOL TALÓ Gaspar 1873 1 4 h comerciante
45 TALÓ RODÓ Delfín 1874 1 4 h
46 RICART TALÓ Juan 1875 1 4 h cerrajero
47 TRENCHS TALÓ Teresa 1876 2 4 m cerrajera
48 TALÓ AYMERICH Juan 1877 1 4 h comercio
49 TALÓ RODÓ Josefa 1877 1 4 m
50 RICART TALÓ Rosa 1878 1 4 m
51 TRENCHS TALÓ Antonia 1878 2 4 m tejedor
52 TRENCHS TALÓ Juan 1880 2 4 h tejedor
53 TRENCHS TALÓ José 1882 2 4 h industrial
54 TALÓ RODÓ Angela 1884 1 4 m
55 TALÓ BIOSCA Joaquín 1884 2 5 h
56 CARRERAS TALÓ Josefa 1884 1 5 m
57 TALÓ CLAVELL Montserrat 1890 2 5 m
58 TALÓ CLAVELL Josefa 1892 2 5 m
59 TALÓ JUBANY José 1893 1 5 h
60 TALÓ CLAVELL Jaime 1894 2 5 h
61 TALÓ PRUNÉS Pedro 1894 1 5 h
62 ENRICH TALÓ Sebastián 1894 1 5 h aux fab